domingo, 28 de junio de 2009

BÚSCAME EN UNA NOCHE DE FARRA

Esta tarde no quiero llegar a casa. Hace calor, el día fue largo y extenuante, pero no quiero encerrarme. Deseo entrar a un lugar fresco, alegre, escuchar las risas, graves, groseras, vitales; mirar un gran televisor sintonizando un juego de béisbol o futbol. Quiero sentarme a tomar una cervecita fría, entre otros, entre desconocidos, gente alegre que a ese lugar no va a pensar, a lamentarse o entristecerse, y gritar y reír y discutir jugadas tontas. Quiero que alguien me mire, que me sonría preguntándome, bajito, “¿quién eres?”; y responderle, sonriendo también “quien tú quieras, mami”, aunque después otro la reclame. Necesito que me miren para saber que sigo aquí. Deseo tanto… sentir esta noche.

Julio César.

MICHAEL Y FARRAH, NO ES JUSTO

De verdad que estas dos noticias, trágicas las dos, me dejaron melancólico. Cada uno de ellos signó un tiempo. Y les tuve cariño. A finales de los setenta, siendo un niño a quien le encajaba la televisión, me enamoré de Los Ángeles de Charlie, de esas mujeres fuertes, aventureras, hermosas y hasta peligrosas, que corrían peligros, se golpeaban con hombres y eran increíblemente bellas. Sé que todos admiraban más a Farrah Fawcett ‘Majors’ como la conocíamos por aquí en esa época. Claro, era la catira de rostro angelical y de grandes curvas, pero siempre sentí especial cariño por Kate Jackson, el ángel inteligente, dura y lista, la no tan bella como las otras, aunque lo era. Pero mi preferida era Jaclyn Smith, la morena de cabellos largos, delgada, hermosa. Sin embargo también admiraba al ángel rubio. Fue duro saber de sus últimos momentos, minada de dolor, con la metástasis atormentándola, casi siempre en cama, muy débil, recibiendo a los más allegados. Y allí, en el duro momento, estuvieron ellas, Jaclyn y Kate, acompañando al ángel enfermo. Le tocó a su compañero de años y años, Ryan O’Neil, dar la noticia: “Farrah se ha ido, ahora está con su madre, su hermana y con su Dios. Yo la amaba con todo mi corazón y voy a extrañarla mucho”. Algo parecido nos pasará a los que amamos al hermoso ángel, esa bella mujer que junto a las otras tres, nos hizo soñar y fantasear.

A Michael Jackson lo conocía más, porque su paso como figura de éxito duró mucho más. Recuerdo la primera vez que vi Thriller, y me quedé asombrado, era tan sólo un muchacho y sentía la adrenalina corriendo por mi cuerpo. En el colegio lo comentábamos, lo perseguíamos por los canales de televisión. Recuerdo que lo bailé en esas fiestas del colegio. Michael Jackson fue un artista completo, bailarín, cantante, compositor, un hombre espectáculo. Lamentablemente sus excentricidades personales tal vez opaquen un poco el recuerdo de lo que fue su vida, pero siempre lo recordaré por los zombies que bailaban, por Billie Jean, dando yo torpemente el pasito hacia atrás, y como el hombre bailando sobre la luna. Fui de los que se alegró mucho cuando aquel jurado de gente sensata desestimó aquel caso de circo que un fiscal irresponsable (el sistema jurídico norteamericano cada vez parece más un Realty Show), declarándolo “no culpable”. Me gustaba saber que a donde iba, la gente lo esperaba con el cariño y admiración al ídolo que fue. Ahora murió, a los cincuenta años de edad, cosa rara, lo creía mucho más joven, de un paro cardiaco. Desde el momento de la noticia he oído muchas de sus melodías en la radio, he escuchado a moderadores hablar cosas bonitas, porque, a pesar de su vida extraña, representó algo para todos nosotros. Era, es y será “El Rey del Pop”.

Ahora que hablando de otra cosa que merece la pena ser mencionada, está la resbalada fea que dio España frente a la oncena de futbol norteamericana. Esa noticia me dejó frío.

Julio César.

ROMANCE

Ella se estremecía contra su pecho mientras él se apoderaba de sus labios una y otra vez, con pasión.

-Mami, es tan rico tenerte aquí, a mi lado, toda tibia y temblorosa bajo esta lluvia, respondiendo a la urgencia de mi cuerpo con tus propias ganas… y lo mejor, sin que tu marido sospeche.

Julio César.

¿PAISES MACHISTAS O ATRASADOS?

Esto lo escribí hace ya dos años, y nada ha cambiado. Manuel zelaya la pone de moda otra vez. Qué deprimente.
……

Luis Posadas Carriles es un anciano cubano que hace como cien años estuvo involucrado en la voladura de un avión. Pasó hace tanto que ni yo que tengo memoria de rencoroso recuerdo exactamente cuándo. Una acción horrible, reprobable e infame como lo es siempre el ataque mediante el terror o la violencia contra gente inocente; como los juicios sumarios y los fusilamientos que hay en regimenes tiránicos, o los asesinos que se cobijan bajo la defensa de una dizque revolución donde son elevados a la categoría de héroes cuando todos los vieron matar gente a mansalva, montados en un puente, desde las alturas, porque ni para dar la cara sirven. La violencia, el crimen y la monstruosidad es siempre igual, únicamente los que la ejercen le cambian el nombre, o ven lo malo de aquella acera y no lo que hay en esta. Después de todo la frase “cada quién habla de la feria según le va en ella”, es bien conocida por todos nuestros pueblos.

En fin, esa voladura ocurrió en un tiempo que nadie recuerda ya, excepto que la cosa había sido juzgada en Venezuela hace una pila de años y había quedado resuelta. Ah, pero a la llegada de un régimen títere de la dictadura cubana a Venezuela comenzó la persecución nuevamente, como una prueba de amor del Presidente de lo que antes era la República, hacia su viejo mentor, el siniestro emperador. Hasta este punto, todo sería hasta… normal: un amante inseguro quiere satisfacer los caprichos de su amor (¿de quién es esta boquita?), para que le agradezca, para que lo mire con cariño, para sentir que aún es ‘el amado’, merecedor de ese afecto (una cabuya de la que los cubanos ya tienen una madeja. A Venezuela le habría salido más barato un barraganato del presidente con una mujer, como en casos anteriores, a esta pasión insana). Todo se complicó cuando el viejo inepto de Posada Carriles se dejó atrapar entrando ilegalmente a Estados Unidos, a pesar de la edad como que aún se cree el Pingüino o algo así. Fue allí cuando saltaron el presidente de esto que antes era una República, y el viejo antillano asesino de su pueblo; cacareando a dúo como gallinas desesperadas que quieren poner un huevo, pero no pueden.

Ante el escándalo armado, Estados Unidos intentó salirse del paquete mandando a Posada Carriles a otro país, pero eso era casi imposible, ¿quién iba a querer caer en la boca del basilisco?, y México, por eso días iba a elecciones y una acción así habría favorecido al señor Obrador (¡de la que se salvaron los mexicanos!, casi me parece injusto). El resto de los países soberanos se lavó las manos con esa forma cobardona con la que ahora se hace política, con volteadas de caras para no ver a los que sufren. Sin poder hacer nada con Posada Carriles, e incapacitados para enviarlo a un país satélite de Cuba como es Venezuela, Inmigración envió al viejo tonto a los tribunales, para que lo juzgaran por entrada ilegal. Y allí comenzó un sainete, que en mi opinión, dolorosamente debo reconocer, retrata de cuerpo entero el cómo es mi país, y el por qué nos va como nos va. Y en buena parte a toda América Latina. Imagino que si alguien ha leído algo escrito antes por mí, y le agradaba, eso durará hasta ahora.

Mientras Estados Unidos lanzaba la llamada campaña contra el terrorismo internacional, los principales voceros del régimen venezolano: parlamentarios, jueces, ministros, y (Dios nos libre) intelectuales comenzaron a gritar que el señor Bush hijo era un hipócrita que decía luchar contra el terrorismo mientras defendía al viejo inepto; que él debía entregarlo ya. Y creo, en honor a estos señores, que lo decían en verdad, que no era simplemente hipocresía o competir por ver quién le halaba más mecate al presidente de la otrora República. De verdad creían en los argumentos que esgrimían. Pero eso sólo habla del nivel mental al que hemos descendido, o al que jamás hemos llegado en estas latitudes. Déjenme que les diga cómo lo veo (sólo una opinión, no soy el Ayatolá Jomeini, señor último de la verdad; que no se me confunda con el presidente Chávez).

Hace tiempo, no recuerdos si dos o tres años atrás, en Estados Unidos estaba en boga la controversia sobre una mujer que llevaba muchos años en estado vegetativo mantenida viva con aparatos, y el marido había iniciado un largo juicio para lograr que la Corte decretara que debía ser desconectada y que finalmente muriera. Eso dividió a ese país, y seguramente a muchas otras personas alrededor del mundo. Unos decían que era inhumano mantenerla así, otros sostenían que era un homicidio, sin justificativos o atenuantes el desconectarla. El señor George W. Bush, a través del departamento legal de la Casa Blanca intervino, ofreciéndose a cargar con todos los gastos de mantenimiento de la mujer para que continuara en ese estado bajo la protección del Ejecutivo. Pero el marido no quería eso (imagino que el calamar ya le pesaba demasiado, aunque suene feo decirlo), y al insistir la Casa Blanca, la Corte Suprema les paró el trote diciéndoles que no podían intervenir en una dedición tomada por un tribunal.

Y el señor George W. Bush, supuestamente el hombre más poderoso del mundo, tuvo que meterse la lengua en la cartera, resintiendo el regaño (uno puede imaginarlo mal encarado, bajando las orejas como burro regañado), y no se pudo hacer más. La mujer fue desconectada. Aquí debo acotar que yo estaba, y estoy, de parte del marido. ¡Tantos años así no es vida! Sin embargo (ah, malvados medios de comunicación) cuando en una toma televisiva vi a la mujer, con aire extraviado como una niña, sentí no sé que vaina por dentro. Pero la vida tiene que continuar. Y esto nos lleva nuevamente a Venezuela y al viejo tonto, digo Posada Carriles, y al por qué Estados Unidos, sus tribunales, jamás lo entregarán a un país que sabe lo condenará a muerte enviándolo a Cuba en una bandeja de plata para satisfacer los apetitos pedestres de un anciano senil.

En un país como el mío, la gente no entiende que un presidente de la República no pueda hacer lo que le da la gana, su real gana, así sea inmiscuirse en las actuaciones de otros poderes. Venezuela es un país donde el presidente llama plasta al Tribunal Supremo por una dedición que no le gusta, y los jueces se quedan calladitos y regañados (si’ñor), y muchos le aplauden ese gesto de machura. El presidente, arrecho todavía, le ordena a la Asamblea Nacional el reformar una ley de forma ilegal para que una cosa ya juzgada, pueda volver a ser juzgada, y no pasa nada (y el mundo continúa girando, y la OEA se pasea con cara grave de importancia y el señor Insulsa sonríe comprensivo). ¿Se queja algún alto parlamentario con aires de docto constitucionalista como don Carlos Escarrá? No, porque le aterra que le griten (poechito), lo humillen y lo echen de la teta del Estado, y a su edad y con su falta de ética, vergüenza y moral ¿para dónde iría? Un diputado comienza a investigar los negocios de una azucarera manejada por los cubanos que iban a resolver todos nuestros problemas, y el presidente grita ‘liquídenlo’ y todos salen corriendo a hacerlo, así fuera un antiguo compañero de bancada. Que el presidente se queje por televisión de un humorista que lo molesta es suficiente para que la Fiscalía se mueva y promueva un juicio, donde una juez que no dictamina lo que se espera, es separada de su cargo e investigada a su vez. ¿Que al presidente le gusta la finca tal pero esta tiene dueño? ¿Qué importa? ¡Que lo saquen con el ejército y que los tribunales lo despojen legalmente! Así vemos y entendemos el Estado y el Poder en republiquitas como estas.

Y en buena medida, esa forma caudillezca de ser conducidos, es muy común a toda la América Latina. Nuestra cultura se destaca por su fuerte tendencia y admiración al machismo. Pero no a la del tipo que tiene tres mujeres, o al que le pega a la que ya tiene (debe ser porque extraña a las otras dos), no. Es, y sé que me odiarán por decirlo y no estarán de acuerdo, que rendimos culto al gritón, somos (aunque no me incluyo) machistas porque amamos a un macho (qué horrible suena). El pueblo llano ama al que lo escupe mientras vocifera, que lo humilla, que lo vergajea, mientras piensa para sus adentros: que macho, este es mi macho. Estos países siempre caen seducidos ante el gritón, el grosero, el que atropella. Mientras más humilla un mandatario, con gritos, muchos más se le someten, porque ese es el macho que les pone preparo, sean industriales, militares o intelectuales (dígame estos, son pura pérdida, aquí y en Europa).

Estos pueblos creen, porque quieren engañarse, que quien grita que multiplicará los panes, sin decir cómo o cuándo, y eso aunque todo el mundo sabe que no es más que un charlatán, es al que hay seguir como salvador de la patria; generalmente estos nunca resuelven nada y al verse acogotado de problemas, hasta los vigilan mientras saquean los erarios públicos, terminan gritándole y golpeando al pueblo incauto (o pendejo). Esta gente se comporta como esas mujeres que mientras más les pega el marido, más lo quieren porque les demuestra que es muy macho, su macho, y los golpes le dicen que la ama. Y allí está la clave del abuso, del incumplimiento y la infelicidad de nuestros pueblos. Ese pueblo que no tiene vergüenza ni dignidad, que cae una y otra vez en manos de quien lo golpea y vergajea, sufre el mismo destino de esa mujer encerrada en la miseria, con ocho muchachos, cuando el tipo que se cansa de tenerla por mujer, al verla tan regalada, tan arrastrada, soportando engaños, golpizas y hasta encubriendo que el tipo abuse de los hijos. Gente así da tanto asco que a la larga el mismo abusador se siente enfermo y tiene que dejarla. O someterla a más y mayores humillaciones, porque siente que ella ‘se lo merece’.

Nuestros países están condenados a repetir una y otra vez los mismos errores que vienen desde las distintas independencias, caer en manos de enfermos de poder, no porque seamos incapaces de pensar o aprender, sino porque somos países machistas; en cada rincón, campo o ciudad de nuestros pueblos, hombres y mujeres (chóferes, estudiantes, campesinos, uniformados) sueñan con el macho que venga a darles palo (nada sexual) y los haga sentirse queridos, representados y satisfechos, y hasta vengados en sus celos o frustraciones. Y nunca se cumplen las expectativas porque el macho goza la juventud, la comida y los bienes de la tipa mientras la golpea, pero luego se va con otra que no sea tan… masoquista o barata. Eso está en la naturaleza humana.

¿Qué un presidente de la República no pueda condenar a un enemigo personal porque un fiscal o un juez se lo impiden? ¿Qué un presidente no pueda cerrar un canal de televisión opositor por que es ilegal? ¿Qué la Constitución de un país no se pueda reformar por un decreto (o capricho) presidencial porque es inconstitucional? ¡Qué mundo insensato es ese!, dirán sorprendidos y aterrados los adoradores del macho que les pega, que les grita que tienen que andar desnudos para que él y su camarilla vistan, que tienen que pasar hambre mientras ellos andas gordos como cochinos, o que tienen que pasar frío mientras ellos viajan, visten, comen y beben sabroso. Es algo que va más allá de cualquier razonamiento ordinario. Lo que hace falta son psiquiatras y drogas.

Lamentablemente esa puede ser la explicación, o una de ellas, de por qué un país como Estados Unidos funciona y les va bien, con todo y sus grandes problemas internos, y a nosotros nos va mal. El presidente de Estados Unidos no puede contravenir la decisión de un tribunal ordinario, no digamos ya de la Corte Suprema. Aquí, cualquier mamarracho se permite sacar de un Congreso a diputados elegidos como él mismo, en elecciones libres, y meter a los que le da la gana, bendecido todo por un organismo electoral sumiso y una Corte entregada. George Washington, el considerado padre de la patria del Norte, al terminar su presidencia se retiró a su granja, donde murió de una afección respiratoria contraída por hacer mejoras en el rancho donde siempre vivió en invierno. En nuestras latitudes, los mandatarios quieren estar para siempre y sólo la muerte nos salva a veces de ellos. Y amenazan una y otra vez con volver, y cuando se van, porque se cansan de joder, hay que darle gracias a Dios de que al menos dejaron el cascaron del país y no se lo llevaron en una maleta. O lo regalaron a un viejo amor.

En Latinoamérica se ven pocos ejemplos totales de democracias, salvo tal vez Costa Rica, antaño refugio de venezolanos que escapaban de las garras de la intolerancia política, ahora coto cerrado gracias a los grandes chorros de petrodólares que de aquí salen. Y Colombia: ¡ah, la odiada Colombia! Aunque su presidente actual parece la copia en negativo del nuestro, por lo menos es un hombre sensato, no creído tocado por el rayo que transformó a Saulo camino a Damasco. La diferencia con otros países es que Colombia tiene la suerte de contar con una clase media y oligarca responsable y perseverante, que sabe que lo que es bueno para ellos, lo es para Colombia, y lo que es bueno para Colombia lo es para ellos; grupo social que en otras partes no fue capaz ni de educar a sus hijos en el cuidado de sus libertades, y su destino es estar condenada a padecer y posiblemente desaparecer. Sin embargo, no todo podía ser bueno para los hermanos del vecino país (ja, ja, ja); intentan no darse por enterados de qué clase de vecino tienen y en qué puede terminar todo, como no quisieron enfrentar y ver en todo su horror y en su en su momento a la narcoguerrilla, o como los vascos cuando no quisieron ver en qué terminaría la ETA años atrás.

Para serles totalmente sincero, cuando el señor Morales ganó en Bolivia, Correa en Ecuador y Noriega en Nicaragua, a mí me entró un fresquito. Me alegró, de una forma despreciable y ruin, a decir verdad. Aquí en Venezuela mucha gente andaba preocupada y angustiada por la suerte de esos países, pero ellos eligieron solitos sus destinos a pesar de todo lo que veían en Venezuela. Sé que es malo, pero en el fondo pienso que si mi país se jodió, bienhecho que a ellos también les pasará. Es justo. Es de Dios, por estar tan necesitados de un macho. Por ser tan machistas. Perú se salvó porque ya venían de pasar el horror de Fujimori. A México lo salvó que sé yo, la Guadalupe. Queda Brasil, quien piensa que pueden convivir con un chacal enloquecido en su patio; y Chile de quien tanto se esperaba, pero la señora Bachelett (quien resultó como muchas mujeres la mayor admiradora del machista) parece sentir debilidad por los regímenes que atropellan, encarcelan y persiguen, tal vez extrañando al señor Pinochet. También es la tierra del señor Insulsa y su desvergüenza, la tierra de la que dicen algo que me suena feo: cuídate del pago de Santiago. Quienes lo dicen sabrán por qué; pero en general, los chilenos parecen gente culta y responsable, ojala un día se apiaden de los que sufren y padecen bajo estas tiranías disfrazadas.

A veces yo también odio a Norteamérica, pero es inútil entregarse a esos vicios que no llevan a nada. Hay que recordar todos los días ese letrero que hay en tantos carritos por puestos: si quieres lo que yo tengo, no envidies, trabaja. Al menos también ellos cargan con sus escaparates de errores y problemas, del que Posadas Carriles es sólo una partecita.

Julio César.

VIEJA NEGOCIACIÓN

-Esta bien, vamos a hacerlo pana, pero… primero tú me enseñas lo tuyo y después yo te enseño lo mío.

Julio César.

martes, 23 de junio de 2009

SIN REMORDIMIENTOS

-Hola...


Hoy me dije “dejaré el pasado atrás, no pensaré en nada que me entristezca, enfurezca o avergüence. No recordaré nada de lo que me haya arrepentido alguna vez…”, y en seguida pensé en ti. Y tuve que reír con amargura, con dolor por esta burla. Fue extraño, porque recordando tu sonrisa, tu mirada, tu voz, volví a sentirme amado. Me dolía porque te habías ido, pero también te sentí aquí. Es tarde, ¿verdad? Sí, lo sé, pero no puedo evitar preguntártelo aún sabiendo la respuesta, deseando que digas lo contrario. Boto aire largamente, inspiro más lento aún, levanto la mirada, saco pecho… y sí, dejaré lo pasado atrás. Continuaré mi vida, no miraré sobre mis hombros. Te olvidaré… pero mañana, hoy soñaré que en tus brazos toda la noche reposaré. Y que me quieres como ayer. Pero más importante, que sigue aquí. Déjame soñar que nada ha cambiado, que sigue a mi lado, así mañana deba enterrar tu recuerdo. De nuevo. Pero está vez será definitivo, porque quiero vivir sin sufrir, sin esperar por el ayer, sin lamentar las cosas que no dije, las que no hice. Con suerte, seguiré. Sé que se puede, por suerte…

Julio César.

MOMENTOS REALES DE LA REINA

-Sí, estoy cansada, es que con estos hijos que me tocaron…

Siempre he sentido admiración por esta mujer; como saben, me gustan las mujeres fuertes. Y ella debe serlo. No ya tanto como sus predecesoras, que altivas y mal encaradas señalaban a alguien y soltaban un: “cortadle la cabeza”. Pero sí, me agrada. A pesar de los escándalos que le ha tocado enfrentar a la Casa Real inglesa, ella, como su señora madre antes que ella, ha sabido presentarle cara al momento; y eso que dentro del Reino Unido hay cierta y creciente resistencia, y rechazo, a las figura reales. Contrario a España, donde la pareja real es muy apreciada. Bueno, el rey don Juan Carlos hasta por estas tierras es bien recibido.

No le ha tocado fácil a la reina. La mujer ha envejecido, cada vez más amarga de cara (rostro que dudo alguna vez fuera dulcito o muy bonito), en su empeño por sostener la majestad real. Y eso pasa por retrazar lo más posible el ascenso del díscolo Carlos, el príncipe viejo, al trono. Seguramente llegará a rey, pero mientras ella tenga fuerzas, continuará… para ver si les deja algo a los nietos sin que el hijo lo deje perder todo; porque de todos los problemas a los que ha enfrentado la monarquía, los peores han sido atraídos por Carlos y su hermano, el príncipe Andrés; así como las ex mujeres de estos dos, Diana Spencer y Sarah Fergunson, brindaron duros y desagradables momentos, porque tocaron a la calaña personal de los herederos, algo que el pueblo ingles vio y tal vez le disgustó. El recuerdo de ambas nueras debe sentirse en la cabeza de la reina, como coronas de espinas.

Mucha gente le crítica a la mujer que no le permite a Carlos ascender, pero ¿cómo? Cosas como escándalos de dormitorios, traiciones y otros, suceden en todas partes, aún en la nobleza, a cada rato… el punto es que Carlos y Diana, Andrés y Sarah lo dejaron saber. ¿Qué no fue nada grave? Quien pretender ser rey, debe al menos mostrar, si no inteligencia, sentido común, tolerancia y constancia a la hora de elegir a la mujer que compartirá su cama, su vida, le dará hijos herederos y reinará con él. Él, o ellos, más que ningunos, son presos de lo que son, de su destino. Pero no, estos dos príncipes lo vieron como algo alegre y ligero… y lo resintió la monarquía como institución.

El caso Diana, que en paz descanse, dio golpes y zumbidos. Aún aquí, gente seria como Jurate Rosales y Rafael Poleo se ensalzaron en feroces batallas de pareceres, pero lo que más recuerdo fue una caricatura donde un narizón, flaco y dentón Carlos ve llegar a su madre, con la corona, con una llave de las usadas en mecánica en una mano, manchada de grasa y diciendo: “Bueno, ya me encargué de eso, espero que no sea necesario otro accidente”. Fue una caricatura divertida, y dura, pero en buena medida habla de las presiones que el resto de los mortales nada sabemos ni debemos enfrentar muchas veces: no es que ciertas personas deban ser ‘perfectas’, también deben parecerlo.

Luego están las obligaciones protocolares, quien va a Inglaterra por equis o ye (bueno, los poderosos, voy yo y a lo mejor me sacan del patio del palacio a bayonetazos), siente que debe verla. Es más, está en su derecho. Y ella debe soportar todo eso, con rostro que quiere ser amable, sin lograrlo. ¿Quién no se rió al saber de la visita de Bush padre, tan patón (qué en paz descanse) como el hijo, que en una reunión con la mujer, luego de la reverencia de saludo, tomó asiento antes que ella? Lo que es insólito, todo carajo sabe que debe esperar que las mujeres tomen asiento haces de hacerlo ellos. También estuvo el episodio con Hugo Chávez…

Según el protocolo real, explicado cuidadosamente a cada visitante, nadie puede tocar a una mujer como la reina; pero Chávez no le paró a eso, en su primera gira triunfal a Europa, que duro semanas de jolgorio y derroche (ah, fue tan fastuosa, y eso que todavía hablaba de vida frugal). Bien, cuando a nuestro presidente lo presentaron a la reina, este abrió los brazos como aspas de molino, pero la reina dio dos pasos atrás. Estaba alertada la mujer por una llamada de la reina de España, doña Sofía, quien debió soportar su abrazo campechanote (qué hoy sabemos no es sincero) del mandatario venezolano. Fue un momento incómodo que gente de la embajada (todavía Venezuela los tenía, personal diplomático, no gritones que chillan “uh ah Chávez no se va”), supo capear.

Cosa que vale la pena recordar, los dos pasos atrás de la reina, a raíz de otra gira presidencial al viejo continente, también triunfales, la de Barack y Michelle Obama. En presencia de Su Alteza, la Primera Dama norteamericana hizo pedazos el rígido protocolo ceremonial de la vieja y rancia Corte Inglesa. La espigada y bonita morenaza cruzó con su brazo la real espalda, gesto no sólo no tolerado, sino mal visto. Pero, para sorpresa de los asistentes, la cosa no pareció molestar a la otra, quien aceptó el gesto afectuoso y correspondió posando su brazo sobre la espalda de la señora Obama. Bueno, también la reina es humana, seguramente tiene sus preferencias, sus simpatías… pero también es lista y seguramente hubo mucho de cálculo en el gesto; sabía bien que los Obama, para ese momento, estaban en una onda de popularidad sin precedentes en Europa. Fue bueno que la vieran así.

Es por detalles así, que uno la mira con simpatía. Tenga paciencia, Su Majestad, coma bien, respire profundamente, deje que el príncipe Guillermo madure.

Julio César.