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martes, 4 de agosto de 2009

GENTE CON PINTA

Hace poco, buscando nuevas fotografías sobre Jake Gyllenhaal, que como saben es un obsesión ya casi inconfesable, encontré un blog algo subido de tono (no como este que es ramplón), donde aparecía una del muchacho en cuestión en ropas de ciclista. Bien, el sujeto que lleva el espacio, BIRDIES, sostiene con insolencia que lo pone porque sabe que hay muchos a quienes gusta el mino (no conozco la expresión), pero que a él no le impresiona. Que Jake tiene la cara extraña y no tiene cuello. ¡Qué atrevido!

Aún así le eché una mirada a su espacio y lo disfruté. Es ameno, realmente divertido. Y encontré esta entrada que habla sobre un carajo que fue campeón mundial en natación. Sí, un nadador olímpico, ¿imaginan la carátula? Siempre he creído que esos sujetos se ven sospechosamente bien formados. Se trataba de Ian Thorpe, el nadador australiano ganador de cinco medallas de oro olímpico y seis consecutivas en un sólo Campeonato Mundial de Natación en 2001. Ahora se encuentra retirado, y hay una nueva polémica porque parece que anda algo sobrado de kilos. Qué mundo tan frívolo.

Pero veamos el fulano artículo:

IAN TORPE… DO

En su última entrevista, Ian Thorpe se hace cargo de los comentarios sobre su sexualidad. O hace como si se hiciera cargo. Los rumores de que es GAY lo siguen hace tiempo. Es más, en su entrevista él reconoce que viene viviendo con ello desde que tiene 15. Dice que agradece ser un ícono gay, y que agradece no tener problemas en estar alegre con aquel tema, pero que lamentablemente NO ES GAY... Bueno, capaz que no, pero seguro es BI... porque apliquemos toooodos nuestros prejuicios, y díganme quién más podría ocupar poleras tan apretadas, jeans tan ajustados, y un cinturón de las características que vemos? Beckham es metrosexual, pero no luce GAY GAY GAY!

Etiquetas: aussies

Posted by Birdies at 17:10,
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Y vaya que tiene una pinta el sujeto, aunque no creo que eso lo delate como gay. O diga que es gay. Me parece que Birdies se deja llevar por la imaginación (o lo que le gustaría creer), como nos pasaba a los fans de Jake y Heath al principio, cuando suponíamos algo entre ellos. Pero sí, hay que tener mucha seguridad y personalidad para salir así a la calle; y sí, se que suena a acomplejado, pero para que vean que no, encontré también estas para quien les guste:

Julio César.

jueves, 23 de julio de 2009

LA GRANADA ENTRE PATATAS

Afirman que una mujer de 78 años ha encontrado una granada de la Segunda Guerra Mundial en una bolsa de patatas que había comprado en un mercado de su barrio, en la sureña ciudad de Nápoles, informó la policía después de que se diera parte de lo ocurrido.

La italiana se disponía a pelar las patatas, cuando en un acto reflejo y sin mirar echó mano sacando una de la bolsa. Su sorpresa fue mayúscula al comprobar que tenía entre sus manos un artefacto del tamaño de un limón. Al mirarlo fijamente vio que se trataba de una granada, ¡a la que le faltaba la espoleta!

La mujer, demostrando la sangre fría que da la edad, la llevó a la policía, que comprobó que se trata de las que utilizaban las tropas estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial, informaron los medios locales.
……

Esta pequeña reseña intriga y despierta la imaginación: ¿esa granada estuvo rodando por allí durante tantas décadas sin que llegara a las manos de alguien antes? ¿Cómo terminó en la bolsa de patatas? ¿Habrá otras? Supongo que la doñita se preocupó y pensó que lo mejor era salir de ella. Lo que es lo responsable, seguramente estaba vencida, pero ¿y si estallaba lastimando o matando a alguien? Para una persona conciente semejante posibilidad es intolerable; pero quedarse con semejante objeto, un recuerdo del pasado, violento y todo lo que se quiera, pero algo de otra era, habría valido la pena intentarlo.

Me agrada la Historia, y la Segunda Guerra Mundial es uno de mis periodos preferidos. Y como en este corto relato, así imagino Europa; bajo sus bonitos campos y sus ciudades modernas y antiguas, se oculta la historia. Tal vez notaron que el canal History (que cambió de nombre), tenía un micro de este tipo, una mujer y una niña paseando por una playa tranquila, bonita, madre e hija compartiendo el momento, y superpuesta una imagen de gritos, explosiones, barcos y hombres desembarcando. Era la playa de Normandía. ¡Y era tan increíble verlo!

Lamentablemente no encontré el nombre de la doñita, pero la imagino vestida de negro, severa, con una pañoleta en su cabeza, con un viejo bolso en sus manos y la granda adentro. Como en las películas antiguas.

Julio César.

domingo, 19 de julio de 2009

DEL AMIGO MEXICANO SOBRE RONALDO

-Y yo que sólo busco amigos…

Sabrán, y no se malinterprete, que me cae bien este tipo, el joven portugués Cristiano Ronaldo. Antes parecía un niño buena gente, imagino que para estos momentos debe estar muy crecido y creído. Ahora es toda una estrella… aunque no entiendo cómo lo hace. Siempre se habla de lo genial que es, pero yo nunca lo he visto ganar. O serán los juegos que yo veo (buenos, hay quienes dicen que yo empavo al Magallanes con tan sólo sentarme frente al televisor). Me agrada porque siempre le voy a los portugueses y españoles (aunque no tanto como a los lusos) en el futbol europeo, ahora que descarté a los italianos por lo del asunto Zidane. Jamás volveré a irle a Italia, ni siquiera porque Maldini todavía juega.

Bien, me agrada Ronaldo, porque su gente juega con pasión, con verdaderas ganas… pero no ganan. Y Ronaldo siempre llora. Con dolor. Y eso es… parte del partido: jugó Portugal, perdió y Ronaldo lloró. Lo admito, me agrada el muchachón y me alegra que le vaya bien. El asuntico con la París Hilton todo el mundo (menos él, aparentemente) sabía que terminaría mal, pero ¿qué se le hace? Es joven y comete errores. Por eso me sorprendió un poco esta entrada de Fernando Tovar Alonso, un amigo de la Web, mexicano, que escribe con un grato sabor localista. ¡Lo odia! Y me pareció exagerado. Pero veamos que escribió y decidan:
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Por Fernando Tovar Alonso.

El futbolista portugués Cristiano Ronaldo ha sido el escandalazo deportivo del año y es que el Real Madrid, uno de los equipos más emblemáticos de España y del mundo, lo ha contratado por la nada despreciable suma de 94 millones de euros, es decir, que el jugador de 24 años, vale más que Anáhuac, Lampazos, Hidalgo, Coahuila, con todo y sus tres vacas, dos perros, el centro recreativo El Coyote y la presidencia municipal juntos.

A veces me he puesto a pensar que no será demasiado lo que consiguen estos buenos para nada que se la pasan todo el día detrás de un balón, y conste que no es envidia, porque como bien lo ha dicho en su Plus Ultra, el decano del oficio, Don Juan Pérez Ávila, ese es uno de los pecados que a mi tampoco se me da, a pesar de que puedo parecer un tipo resentido social con todos los milagritos que le cuelgo a los demás, pero todo lo que aquí relato, con lujo de detalles, son historias extraídas de la vida real que son chismes a voces secretas que en los grandes salones del pueblo se cuentan en corrillos apretados con más saña que la que imprimo en mis melodramas cotidianos.

Cristiano Ronaldo amén de millonario en euros, es el futbolista más perseguido por la mujeres y por si fuera poco, muéranse de envidia los que si padecen del tremendo pecado que agobia a los pusilánimes, gana mucho dinero con las promociones publicitarias de las diversas mercaderías que anuncia en todos los medios de comunicación a favor de las grandes firmas que se pelean los derechos de marca registrada del deportista para los contratos anuales de las temporadas de moda que cambian con los solsticios y los equinoccios, no conforme con ello, cobra hasta por respirar en cada evento al que es requerida su rutilante presencia, es decir, si alguno de ustedes, queridos lectores, desea invitarlo a la revelación de una placa, a la inauguración de una tienda o al bautizo de su bodoquito, le extiende su recibo por honorarios por varios ceros, y si se quieren tomar fotos con él para que aparezcan en alguna publicación o en entrevista televisiva, ese es otro precio que se suma al costo convenido.

Ronaldo jugó la final contra el Barcelona, en el Manchester United, pero como el equipo catalán ha arrasado con todos los trofeos de futbol, su eterno enemigo, el real Madrid, que antes era considerado como el equipo a vencer en todos los torneos españoles y en las copas internacionales, anduvo de capa caída por varias temporadas, pues, ahora quiere volver por sus fueros para agenciarse más seguidores y por ende más dinero para poder pagar el sueldo de Cristiano y de otros grandes cracks del futbol, o sea que todos esos enroques financieros valen la pena, porque al rato, el Real va a tener equipazo para acceder a los podios de los triunfadores y a las pasarelas de la fama mundial.

A falta de la confirmación oficial del acuerdo con el jugador portugués, que ya está cerrado según fuentes del club, los casi 95 millones de euros que ha costado, según el cambio vigente, suponen 20 millones más de lo que el Real Madrid desembolsó por Zidane en la primera etapa de Florentino Pérez en la presidencia del club.

El Real Madrid ha sido el destino de los cuatro fichajes más caros en la historia del fútbol con Cristiano Ronaldo, Zidane, Kaká y Luis Figo, y tiene además otro entre los diez más elevados y yo, que había llegado a pensar que mi tía Tencha, que es bien coda con sus cuatro marranitos y su montón de vacas lecheras, dos gallinas ponedoras (no me refiero a mis primas Hortensia Guadalupe y Chela Sugey) tenia harto dinero, ahora con esos números tan desorbitados no me queda otra más que poner los pies en la tierra y no desearle la muerte pronta a mi sacrosanta pariente, que al fin, su fortuna no es tan grande, a lo mejor a mi se me presenta la oportunidad de firmar un gran contrato con el New York Times o en el Bustamante “Nius” y así, de una vez por todas, salir de pobre. Diosito pero que sea pronto, ái te encargo.

http://fernandotovaralonso.blogspot.com/2008_09_01_archive.html
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¿No es terrible con el muchacho? Sin embargo, quitando cosas, así más o menos siento referente al señor David Beckham (¡ese tipo odioso!). No todos pueden caernos bien, ¿no?

Julio César.

martes, 14 de julio de 2009

GLORIA MACAPAGAL, LA CUARENTENA DE LAS TETAS

Creo que ya les he hablado de un amigo que tengo, Abelardo, que trabaja aquí en el ministerio, y que es un perro. Sí, lo es, casi ladra. Está estudiando en una universidad bolivariana, aunque odia a esta gente, derecho. Según él, los profesores son sensatos y tratan de corregir hasta la forma de hablar malandreado de algunos estudiantes que suponen que por ser bolivariana los graduarán obligatoriamente. Según él, no; yo tengo mis dudas. En fin, habla de que los tienen estudiando por grupos y a él le tocaron tres muchachas. Que son bellas, pero, en sus palabras, brutas. Pendientes del celular, fiestas, paseos y tipos (no de él, creo que eso le molesta). De forma grosera se refiere a ellas como: Titina, Muñeca y Princesa; y que aunque los profesores dicen “estudien esto que va para la evaluación”, casi subrayándolos, a las chicas las toman por sorpresa en las pruebas; no estudian.

Bien, una de ellas, según él, la más bruta de las tres, faltó tres semanas a clases y ya iban a darle por perdido el semestre cuando apareció con un justificativo médico donde constaba que estuvo de reposo por dengue, luciendo una muy corta blusita con escote… y unos senos rehechos. Aparentemente se aumento dos tallas. Ahora la joven, toda llorosa, anda metida en problemas legales con la universidad. Los profesores, desconfiados, no le creen lo del dengue. Pero, aparentemente, cosas así les pasan a la joven estudiante de un colegio que creía paupérrimo, y a la gran mandataria de una nación…

La presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal, fue pillada de la misma manera. Qué vergüenza, para ella, claro; seguro la prensa hizo fiesta. La mujer ha perdido mucha credibilidad al descubrirse que una cuarentena voluntaria a la que dijo someterse para dar ejemplo de lucha y prevención contra la llamada gripe porcina, durante toda una semana que no se dejó ver, era una cortina de humo para ocultar una operación de senos (tetas o lolas como las llaman por aquí). Todo se descubrió de la manera más desastrosa para ella, comenzando el 29 de junio con una nota de prensa donde se resaltaba el ejemplo de responsabilidad social ofrecido por la señora Presidenta a su pueblo, Gloria Macapagal, al aislarse por motu propio, como una medida de lucha contra la enfermedad. Sin embargo la olla fue destapada por el diario The Star, donde se dijo: “La cuarentena es una tapadera. La Presidenta necesitaba reparar los implantes de siliconas mamarios que se hizo en los años ochenta. Aprovechó también para hacerse la depilación láser en la ingle…”.

Dios, de qué cosas se enteran, hasta de eso supieron. La verdad es que la mujer pecó de ingenuidad. Debía saber que en este mundo ya nada es secreto, que siempre hay alguien dispuesto a contar lo que vio y lo que no, como en el viejo chiste de “él lo sabe todo y lo que no, lo inventa”. Imagino que debe serle difícil encarar ahora a los reporteros que indagan. Debe estar rogando que suceda algo que aleje de ella la atención. Por otro lado, ¿verdad que son curiosos esos nombres en un lugar que queda al otro lado del mundo, Corazón, Ismelda, Gloria? Seguro los españoles tienen algo que ver. También de resaltar es el protagonismo femenino en la presidencia filipina, cuando no está una mujer mandando directamente, como la señora Aquino o esta señora Gloria, manda desde ‘atrás’, como la Ismelda. Bien visto, no es malo.

Julio César.

miércoles, 8 de julio de 2009

EVEREST… TOCANDO EL CIELO

De niño, ¿quién no tuvo su destino trazado?: seré bombero. Lo que habla de la importancia de esta gente que lograr permear la imaginación de un niño; no debe tratarse sólo del uniforme y el casco, porque otros los tienen más coloridos. Aunque algo hay, los vistoso y aparatoso; nadie dice seré contador, menos inspector sanitario. De jóvenes los sueños varían según cada quien, aunque hay semejanzas. Fantasías doradas como el dinero (mucho) para comprar felicidad (en forma de carros, casas, viajes y gente bonita a tu alrededor), se mezcla con otras de índole más abstractas: soñamos con aventuras y hazañas. Todavía soñamos con eso. Creo que el hombre nunca deja de ser un poco niño. No es extraño quien sueña, una tarde en su trabajo, mirando a la nada, con embarcarse a tierras remotas a hacer cosas insólitas (explorar lugares inhóspitos, buscar ciudades perdidas, tesoros sumergidos y cosas así). Personalmente siempre me atrajo la idea de ir al desierto del Oriente Medio, y espalda doblada, cepillito en manos, barrer las arenas que cubrían alguna una pirámide sepultada, una que sólo yo sabía que estaba ahí aunque todos los demás se rieran.

Estos son sueños, fantasías que el hombre, cuando no termina de automatizarse, conserva durante el resto de su vida. Sin embargo están otros, los que una mañana con una sonrisa de adrenalina toman sus cosas y parten, mirando atrás, a la familia, para soltar un: “ya vuelvo, voy a conquistar el mundo”. Claro, no como el ratoncito Cerebro. Son aquellos que albergan esa inquietud que día a día crece dentro de sus pechos, ocupando cada pensamiento, tanto que sienten que ya no pueden continuar si no cumplen su tarea. O lo intentan, aferrándose con uñas y dientes a cada paso. Sólo viven realmente mientra cumples sus sueños. Es casi como estar enamorado; o así me dicen quienes han querido.

De personas así habla muy someramente el señor Riveros en una corta columna encontrada en el diario EL NUEVO PAIS. Disfrútenla:
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LA ARRECHERA COTIDIANA
Por Eduardo Riveros.

Se cumplen 56 años de una de las hazañas más hermosas logradas por el hombre. El 29 de mayo de 1953, a las 11:30 de la mañana, el neocelandés Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay, alcanzaban la cima del Everest. Por primera vez se lograba subir a los 8.848 metros de esa cumbre. Hillary tenía 34 años y Norgay 39. Ambos habían adquirido, en ese mismo lugar, experiencias y fracasos. Tenzing se había convertido en guía profesional en 1936, y Edmund, por su parte, había intentado la hazaña en 1951. El interés de él por el montañismo le surgió a los 16 años.

Hillary estudiaba en un colegio a dos horas de su casa. Era un niño tímido y su tiempo lo empleaba, preferentemente, en leer. Durante la Segunda Guerra Mundial se desempeñó como piloto en la Fuerza Aérea Neozelandesa. Su primera esposa, Louise y una hija, Belinda, perecieron, 1975, en un accidente de aviación en Katmandú. Se volvió a casar con June, la viuda de un amigo. Después de su proeza siguió ascendiendo por el Himalaya y consiguió llegar a la cúspide de 10 picos de ese desfiladero. Pero también formó parte de una expedición, 04-01-58, al Polo Sur.

La amistad entre ambos escaladores prevaleció en el tiempo. Edmund creó una Fundación de ayuda al pueblo Sherpa. Gracias a ella se abrieron decenas de escuela en el país y se establecieron mejoras en el ámbito de la salud. Cuando se cumplieron 50 años de la epopeya, el gobierno de Nepal le otorgó a Hillary la distinción de: “Ciudadano de Honor”. La primera vez que tal reconocimiento se le daba a un extranjero.

Por su parte, Norgay se adaptó a una vida más tranquila y familiar. Se casó tres veces; la última cuando todavía estaba desposado con su segunda esposa, prerrogativa que le concedían las leyes de su país. Entre sus múltiples hijos está Jamling Tenzing, quien siguió sus pasos. Alcanzó la cresta del Everest en 1996. También el de Edmund, Peter, perpetuó el ejemplo de su padre y, dos veces, remontó el Everest.

Es esta una historia llena de esfuerzos, tenacidad, confianza, amistad y nobleza. Algo que enaltece y hace que se vuelva a creer en el ser humano. Más en esta época llena de degeneración, abusos y brutalidad. El ejemplo dado por Norgay y Hillary trasciende lo puramente deportivo, la simple aventura. Cae en el terreno de lo sublime. Y, lo transcendental, eran dos hombres, en esencia, comunes y corriente.
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Hermoso escrito; eso de que el acto transcendió lo aventurero para caer en lo sublime, es cierto. Estaban esas cumbres misteriosas, elevadas como un techo sobre el mundo, como los obstáculos de la vida, y dos hombres lograron remontarlas… en nombre de todos los hombres. Es como, salvando las distancias de quien quiera ponerlas, el hombre caminando sobre la Luna. Realmente fue un pequeño paso para ese hombre, el señor Neil Armstrong, pero un salto gigantesco para la humanidad. Siempre hay gente así, mientras decenas de miles caminan mirando al frente, cuando no al suelo, otros miran hacia arriba, con ojos brillantes de deseos… y lo más sorprendente, cuando sabemos de ellos, de sus hazañas, es que se trataban de simples personas.

Julio César.

miércoles, 1 de julio de 2009

CUANDO SE TE OLVIDAN LAS COSAS IMPORTANTES

Y es que muchas veces no parecemos capaces de entender qué importa. Todos tenemos metas, aspiraciones (vivir cómodo, tranquilo, bien, esa es la mía, y tal vez llegarme por fin a un desierto a buscar reliquias… si cerca queda un buen hotel), pero a veces la realidad nos choca de frente y sonreímos antes las cosas relevantes en verdad. Hace poco una amiga me escribió para recriminarme, en alegres términos, el que olvidara su cumpleaños. La cosa era más imperdonable porque ella, de una mención casual mía, recordó mi cumpleaños (y todavía me inquieta, ¿llevará un registro de lo que le cuento?). Entrando en su página encontré el comentario (hasta de mi olvido, ¡qué mujer!), y sonreí. Ella, ese día, encontró un gran regalo: uno que era importante. Lean, ella no se molestará porque lo hagamos:

FAWKES

Las cosas suelen tener la manía de ocurrir cuando no las esperas.

Ayer fue un día feliz para mí. Me levanté positiva y seguí así hasta la noche. En mi camino fueron ocurriendo pequeños milagros que me ayudaron a ello.

Cuando más sola me creía tuve la agradable sorpresa de ser felicitada por más amigos que ningún año, unos nuevos, otros reaparecidos, muchos en la distancia... Algunas felicitaciones no llegaron, pero no cogí esa excusa para bajarme de mi bienestar. Sé que varios de ellos me recuerdan aunque no miren el calendario (¿verdad J.C.?)

Y tuve, cuando ya no lo esperaba, el mejor de todos los regalos que recuerdo. Fue un gesto simple: mi niña se vino hacia mí corriendo y sin pensarlo ni ella ni yo saltó a mis brazos... y yo la cogí. En pocos segundos nos quedamos mirando, su cara a la altura de la mía, y me dijo emocionada "mami....¡¡me estás cogiendo otra vez!!"
Habíamos dado por supuesto que eso ya no volvería a ocurrir... a las dos se nos nubló la vista, ... y yo agradecí a quién corresponda ese momento de intensa felicidad en el que volví a considerar liviano el peso de mi niña... y mi aliento me acompañó, y casi pude sentir la promesa de que estaba ahí para quedarse conmigo.

A veces he llegado a olvidar que la vida siempre te tiene reservada una sorpresa, pido perdón por ello.

Publicado por M. en 20:50
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A esas pequeñas sorpresas me refiero. A veces pasas una semana infernal en el trabajo, todo son reclamos, gritos, no hiciste esto, no hiciste aquello. Sudas, te agotas, el tiempo no alcanza para nada, y sólo piensas en mandarlo todo al carrizo e irte, y de pronto una señora te detiene en un pasillo: “Hola. Fui donde me dijo y ya me resolvieron el problema. Van a mandar el cheque a la clínica. Usted fue muy amable y considerado conmigo, la señorita en Servicios Sociales me dijo que la llamó; no tengo como agradecérselo, muchas gracias”. Y te azoras, sonríes apenado, dice que es el trabajo… pero te alejas renovado. Alguien si notó que cumplías, a una persona le importó. Y te lo agradeció. Eso basta para otra semana.

Te reitero, M, muchas felicidades otra vez. No por el cumpleaños, sino por tu vida.

Julio César.

CUIDANDOSE

-Cónchale, pana, hay que cuidarse. Buena alimentación y ejercicios; tú sabes…
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Aunque no me crean, esto me pasó. Hace tiempo un carajo que entró nuevo en el departamento, me dijo que parecía una paleta, que debería (así, deber) levantar algo de pesas para desarrollar masa muscular. Parece ser que si uno no ejercita (cosa que da trabajo y flojera) y engorda o se ve desvaído, está mal. Es de suponer que es obligación de todo el mundo ejercitarse, cosa que como he dicho, está bien, ayuda al organismo, pero no como una meta para… cómo lo digo, verse así. Aunque, y como también he dicho, no me molestaría tener esta facha. Con esa pinta viviría sin camisa, ¿y quién se molestaría?

Pero seamos sinceros, ¿quién carajo se ve así de bien en la vida real? Es imposible. Como ya dije una vez, tiene que ser un truco de fotografía (o eso espero). Todos vivimos pendiente, en mayor o menor medida, pendientes del cómo nos vemos. No es grato sentir esas miradas evaluadoras que a veces las féminas, en primeras instancias, nos arrojan. Pero tener ese cuerpo debe dar trabajo, y no hablo únicamente de dietas para no engordar. Hay que endurecer músculos, y abultar otros. Y para eso no hay pastillitas. Cirugía sí, pero ¿qué loco se somete a eso? No hay soluciones mágicas, aunque la televisión nos la venda cada día.

Tengo un amigo, Abelardo, de cierta panza que se compró uno de esos cinturones artronic o no sé cómo se llama, que según masajeaba, pero creo que únicamente daba toques eléctricos (y no era nada agradable), para verse como la gente del comercial. Cómo me reí, le dije que esa panza no la bajaba con eso ni en un millón de años. Y no lo hizo. Para esos comerciales buscan a gente que se ve bien. Lo mismo me pasaba, de muchacho, cuando iba a comprar franelas y cosas así. Las vendedoras querían mostrarme catálogos con tipos que tenían pectorales, bíceps y vainas, a quienes les quedaba de maravilla esa ropa, y a mí me incomodaba. Siempre gruñía: “sí, sí, dámela”, y salía a la carrera. Pensé que eso se acabaría cuando dejara atrás la adolescencia y sus inquietudes, pero como que la manía por la apariencia dura toda la vida.

Por cierto, ese amigo del que les hablo, que también trabaja conmigo, una vez tuvo unas palabras con un flaco que laboraba en el ascensor. A la hora del café todos coincidíamos en el salón, y el muchacho contaba algo de un carajo con el que tuvo una discusión y dijo algo como: “Y el tipo era alto, más o menos con la figura de Abelardo, bueno si es que a eso se le puede llamar figura”. Yo me reí mucho, pero Abelardo no, y dijo con ese tonito irónico que lo caracteriza: “Ay, Julio, qué mal me siento; me ha herido hablando de mi apariencia alguien que parece un enfermo terminal, y que está muriendo de algo raro”. Todavía me río al recordarlo.

Julio César.

domingo, 28 de junio de 2009

¿PAISES MACHISTAS O ATRASADOS?

Esto lo escribí hace ya dos años, y nada ha cambiado. Manuel zelaya la pone de moda otra vez. Qué deprimente.
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Luis Posadas Carriles es un anciano cubano que hace como cien años estuvo involucrado en la voladura de un avión. Pasó hace tanto que ni yo que tengo memoria de rencoroso recuerdo exactamente cuándo. Una acción horrible, reprobable e infame como lo es siempre el ataque mediante el terror o la violencia contra gente inocente; como los juicios sumarios y los fusilamientos que hay en regimenes tiránicos, o los asesinos que se cobijan bajo la defensa de una dizque revolución donde son elevados a la categoría de héroes cuando todos los vieron matar gente a mansalva, montados en un puente, desde las alturas, porque ni para dar la cara sirven. La violencia, el crimen y la monstruosidad es siempre igual, únicamente los que la ejercen le cambian el nombre, o ven lo malo de aquella acera y no lo que hay en esta. Después de todo la frase “cada quién habla de la feria según le va en ella”, es bien conocida por todos nuestros pueblos.

En fin, esa voladura ocurrió en un tiempo que nadie recuerda ya, excepto que la cosa había sido juzgada en Venezuela hace una pila de años y había quedado resuelta. Ah, pero a la llegada de un régimen títere de la dictadura cubana a Venezuela comenzó la persecución nuevamente, como una prueba de amor del Presidente de lo que antes era la República, hacia su viejo mentor, el siniestro emperador. Hasta este punto, todo sería hasta… normal: un amante inseguro quiere satisfacer los caprichos de su amor (¿de quién es esta boquita?), para que le agradezca, para que lo mire con cariño, para sentir que aún es ‘el amado’, merecedor de ese afecto (una cabuya de la que los cubanos ya tienen una madeja. A Venezuela le habría salido más barato un barraganato del presidente con una mujer, como en casos anteriores, a esta pasión insana). Todo se complicó cuando el viejo inepto de Posada Carriles se dejó atrapar entrando ilegalmente a Estados Unidos, a pesar de la edad como que aún se cree el Pingüino o algo así. Fue allí cuando saltaron el presidente de esto que antes era una República, y el viejo antillano asesino de su pueblo; cacareando a dúo como gallinas desesperadas que quieren poner un huevo, pero no pueden.

Ante el escándalo armado, Estados Unidos intentó salirse del paquete mandando a Posada Carriles a otro país, pero eso era casi imposible, ¿quién iba a querer caer en la boca del basilisco?, y México, por eso días iba a elecciones y una acción así habría favorecido al señor Obrador (¡de la que se salvaron los mexicanos!, casi me parece injusto). El resto de los países soberanos se lavó las manos con esa forma cobardona con la que ahora se hace política, con volteadas de caras para no ver a los que sufren. Sin poder hacer nada con Posada Carriles, e incapacitados para enviarlo a un país satélite de Cuba como es Venezuela, Inmigración envió al viejo tonto a los tribunales, para que lo juzgaran por entrada ilegal. Y allí comenzó un sainete, que en mi opinión, dolorosamente debo reconocer, retrata de cuerpo entero el cómo es mi país, y el por qué nos va como nos va. Y en buena parte a toda América Latina. Imagino que si alguien ha leído algo escrito antes por mí, y le agradaba, eso durará hasta ahora.

Mientras Estados Unidos lanzaba la llamada campaña contra el terrorismo internacional, los principales voceros del régimen venezolano: parlamentarios, jueces, ministros, y (Dios nos libre) intelectuales comenzaron a gritar que el señor Bush hijo era un hipócrita que decía luchar contra el terrorismo mientras defendía al viejo inepto; que él debía entregarlo ya. Y creo, en honor a estos señores, que lo decían en verdad, que no era simplemente hipocresía o competir por ver quién le halaba más mecate al presidente de la otrora República. De verdad creían en los argumentos que esgrimían. Pero eso sólo habla del nivel mental al que hemos descendido, o al que jamás hemos llegado en estas latitudes. Déjenme que les diga cómo lo veo (sólo una opinión, no soy el Ayatolá Jomeini, señor último de la verdad; que no se me confunda con el presidente Chávez).

Hace tiempo, no recuerdos si dos o tres años atrás, en Estados Unidos estaba en boga la controversia sobre una mujer que llevaba muchos años en estado vegetativo mantenida viva con aparatos, y el marido había iniciado un largo juicio para lograr que la Corte decretara que debía ser desconectada y que finalmente muriera. Eso dividió a ese país, y seguramente a muchas otras personas alrededor del mundo. Unos decían que era inhumano mantenerla así, otros sostenían que era un homicidio, sin justificativos o atenuantes el desconectarla. El señor George W. Bush, a través del departamento legal de la Casa Blanca intervino, ofreciéndose a cargar con todos los gastos de mantenimiento de la mujer para que continuara en ese estado bajo la protección del Ejecutivo. Pero el marido no quería eso (imagino que el calamar ya le pesaba demasiado, aunque suene feo decirlo), y al insistir la Casa Blanca, la Corte Suprema les paró el trote diciéndoles que no podían intervenir en una dedición tomada por un tribunal.

Y el señor George W. Bush, supuestamente el hombre más poderoso del mundo, tuvo que meterse la lengua en la cartera, resintiendo el regaño (uno puede imaginarlo mal encarado, bajando las orejas como burro regañado), y no se pudo hacer más. La mujer fue desconectada. Aquí debo acotar que yo estaba, y estoy, de parte del marido. ¡Tantos años así no es vida! Sin embargo (ah, malvados medios de comunicación) cuando en una toma televisiva vi a la mujer, con aire extraviado como una niña, sentí no sé que vaina por dentro. Pero la vida tiene que continuar. Y esto nos lleva nuevamente a Venezuela y al viejo tonto, digo Posada Carriles, y al por qué Estados Unidos, sus tribunales, jamás lo entregarán a un país que sabe lo condenará a muerte enviándolo a Cuba en una bandeja de plata para satisfacer los apetitos pedestres de un anciano senil.

En un país como el mío, la gente no entiende que un presidente de la República no pueda hacer lo que le da la gana, su real gana, así sea inmiscuirse en las actuaciones de otros poderes. Venezuela es un país donde el presidente llama plasta al Tribunal Supremo por una dedición que no le gusta, y los jueces se quedan calladitos y regañados (si’ñor), y muchos le aplauden ese gesto de machura. El presidente, arrecho todavía, le ordena a la Asamblea Nacional el reformar una ley de forma ilegal para que una cosa ya juzgada, pueda volver a ser juzgada, y no pasa nada (y el mundo continúa girando, y la OEA se pasea con cara grave de importancia y el señor Insulsa sonríe comprensivo). ¿Se queja algún alto parlamentario con aires de docto constitucionalista como don Carlos Escarrá? No, porque le aterra que le griten (poechito), lo humillen y lo echen de la teta del Estado, y a su edad y con su falta de ética, vergüenza y moral ¿para dónde iría? Un diputado comienza a investigar los negocios de una azucarera manejada por los cubanos que iban a resolver todos nuestros problemas, y el presidente grita ‘liquídenlo’ y todos salen corriendo a hacerlo, así fuera un antiguo compañero de bancada. Que el presidente se queje por televisión de un humorista que lo molesta es suficiente para que la Fiscalía se mueva y promueva un juicio, donde una juez que no dictamina lo que se espera, es separada de su cargo e investigada a su vez. ¿Que al presidente le gusta la finca tal pero esta tiene dueño? ¿Qué importa? ¡Que lo saquen con el ejército y que los tribunales lo despojen legalmente! Así vemos y entendemos el Estado y el Poder en republiquitas como estas.

Y en buena medida, esa forma caudillezca de ser conducidos, es muy común a toda la América Latina. Nuestra cultura se destaca por su fuerte tendencia y admiración al machismo. Pero no a la del tipo que tiene tres mujeres, o al que le pega a la que ya tiene (debe ser porque extraña a las otras dos), no. Es, y sé que me odiarán por decirlo y no estarán de acuerdo, que rendimos culto al gritón, somos (aunque no me incluyo) machistas porque amamos a un macho (qué horrible suena). El pueblo llano ama al que lo escupe mientras vocifera, que lo humilla, que lo vergajea, mientras piensa para sus adentros: que macho, este es mi macho. Estos países siempre caen seducidos ante el gritón, el grosero, el que atropella. Mientras más humilla un mandatario, con gritos, muchos más se le someten, porque ese es el macho que les pone preparo, sean industriales, militares o intelectuales (dígame estos, son pura pérdida, aquí y en Europa).

Estos pueblos creen, porque quieren engañarse, que quien grita que multiplicará los panes, sin decir cómo o cuándo, y eso aunque todo el mundo sabe que no es más que un charlatán, es al que hay seguir como salvador de la patria; generalmente estos nunca resuelven nada y al verse acogotado de problemas, hasta los vigilan mientras saquean los erarios públicos, terminan gritándole y golpeando al pueblo incauto (o pendejo). Esta gente se comporta como esas mujeres que mientras más les pega el marido, más lo quieren porque les demuestra que es muy macho, su macho, y los golpes le dicen que la ama. Y allí está la clave del abuso, del incumplimiento y la infelicidad de nuestros pueblos. Ese pueblo que no tiene vergüenza ni dignidad, que cae una y otra vez en manos de quien lo golpea y vergajea, sufre el mismo destino de esa mujer encerrada en la miseria, con ocho muchachos, cuando el tipo que se cansa de tenerla por mujer, al verla tan regalada, tan arrastrada, soportando engaños, golpizas y hasta encubriendo que el tipo abuse de los hijos. Gente así da tanto asco que a la larga el mismo abusador se siente enfermo y tiene que dejarla. O someterla a más y mayores humillaciones, porque siente que ella ‘se lo merece’.

Nuestros países están condenados a repetir una y otra vez los mismos errores que vienen desde las distintas independencias, caer en manos de enfermos de poder, no porque seamos incapaces de pensar o aprender, sino porque somos países machistas; en cada rincón, campo o ciudad de nuestros pueblos, hombres y mujeres (chóferes, estudiantes, campesinos, uniformados) sueñan con el macho que venga a darles palo (nada sexual) y los haga sentirse queridos, representados y satisfechos, y hasta vengados en sus celos o frustraciones. Y nunca se cumplen las expectativas porque el macho goza la juventud, la comida y los bienes de la tipa mientras la golpea, pero luego se va con otra que no sea tan… masoquista o barata. Eso está en la naturaleza humana.

¿Qué un presidente de la República no pueda condenar a un enemigo personal porque un fiscal o un juez se lo impiden? ¿Qué un presidente no pueda cerrar un canal de televisión opositor por que es ilegal? ¿Qué la Constitución de un país no se pueda reformar por un decreto (o capricho) presidencial porque es inconstitucional? ¡Qué mundo insensato es ese!, dirán sorprendidos y aterrados los adoradores del macho que les pega, que les grita que tienen que andar desnudos para que él y su camarilla vistan, que tienen que pasar hambre mientras ellos andas gordos como cochinos, o que tienen que pasar frío mientras ellos viajan, visten, comen y beben sabroso. Es algo que va más allá de cualquier razonamiento ordinario. Lo que hace falta son psiquiatras y drogas.

Lamentablemente esa puede ser la explicación, o una de ellas, de por qué un país como Estados Unidos funciona y les va bien, con todo y sus grandes problemas internos, y a nosotros nos va mal. El presidente de Estados Unidos no puede contravenir la decisión de un tribunal ordinario, no digamos ya de la Corte Suprema. Aquí, cualquier mamarracho se permite sacar de un Congreso a diputados elegidos como él mismo, en elecciones libres, y meter a los que le da la gana, bendecido todo por un organismo electoral sumiso y una Corte entregada. George Washington, el considerado padre de la patria del Norte, al terminar su presidencia se retiró a su granja, donde murió de una afección respiratoria contraída por hacer mejoras en el rancho donde siempre vivió en invierno. En nuestras latitudes, los mandatarios quieren estar para siempre y sólo la muerte nos salva a veces de ellos. Y amenazan una y otra vez con volver, y cuando se van, porque se cansan de joder, hay que darle gracias a Dios de que al menos dejaron el cascaron del país y no se lo llevaron en una maleta. O lo regalaron a un viejo amor.

En Latinoamérica se ven pocos ejemplos totales de democracias, salvo tal vez Costa Rica, antaño refugio de venezolanos que escapaban de las garras de la intolerancia política, ahora coto cerrado gracias a los grandes chorros de petrodólares que de aquí salen. Y Colombia: ¡ah, la odiada Colombia! Aunque su presidente actual parece la copia en negativo del nuestro, por lo menos es un hombre sensato, no creído tocado por el rayo que transformó a Saulo camino a Damasco. La diferencia con otros países es que Colombia tiene la suerte de contar con una clase media y oligarca responsable y perseverante, que sabe que lo que es bueno para ellos, lo es para Colombia, y lo que es bueno para Colombia lo es para ellos; grupo social que en otras partes no fue capaz ni de educar a sus hijos en el cuidado de sus libertades, y su destino es estar condenada a padecer y posiblemente desaparecer. Sin embargo, no todo podía ser bueno para los hermanos del vecino país (ja, ja, ja); intentan no darse por enterados de qué clase de vecino tienen y en qué puede terminar todo, como no quisieron enfrentar y ver en todo su horror y en su en su momento a la narcoguerrilla, o como los vascos cuando no quisieron ver en qué terminaría la ETA años atrás.

Para serles totalmente sincero, cuando el señor Morales ganó en Bolivia, Correa en Ecuador y Noriega en Nicaragua, a mí me entró un fresquito. Me alegró, de una forma despreciable y ruin, a decir verdad. Aquí en Venezuela mucha gente andaba preocupada y angustiada por la suerte de esos países, pero ellos eligieron solitos sus destinos a pesar de todo lo que veían en Venezuela. Sé que es malo, pero en el fondo pienso que si mi país se jodió, bienhecho que a ellos también les pasará. Es justo. Es de Dios, por estar tan necesitados de un macho. Por ser tan machistas. Perú se salvó porque ya venían de pasar el horror de Fujimori. A México lo salvó que sé yo, la Guadalupe. Queda Brasil, quien piensa que pueden convivir con un chacal enloquecido en su patio; y Chile de quien tanto se esperaba, pero la señora Bachelett (quien resultó como muchas mujeres la mayor admiradora del machista) parece sentir debilidad por los regímenes que atropellan, encarcelan y persiguen, tal vez extrañando al señor Pinochet. También es la tierra del señor Insulsa y su desvergüenza, la tierra de la que dicen algo que me suena feo: cuídate del pago de Santiago. Quienes lo dicen sabrán por qué; pero en general, los chilenos parecen gente culta y responsable, ojala un día se apiaden de los que sufren y padecen bajo estas tiranías disfrazadas.

A veces yo también odio a Norteamérica, pero es inútil entregarse a esos vicios que no llevan a nada. Hay que recordar todos los días ese letrero que hay en tantos carritos por puestos: si quieres lo que yo tengo, no envidies, trabaja. Al menos también ellos cargan con sus escaparates de errores y problemas, del que Posadas Carriles es sólo una partecita.

Julio César.

martes, 23 de junio de 2009

MOMENTOS REALES DE LA REINA

-Sí, estoy cansada, es que con estos hijos que me tocaron…

Siempre he sentido admiración por esta mujer; como saben, me gustan las mujeres fuertes. Y ella debe serlo. No ya tanto como sus predecesoras, que altivas y mal encaradas señalaban a alguien y soltaban un: “cortadle la cabeza”. Pero sí, me agrada. A pesar de los escándalos que le ha tocado enfrentar a la Casa Real inglesa, ella, como su señora madre antes que ella, ha sabido presentarle cara al momento; y eso que dentro del Reino Unido hay cierta y creciente resistencia, y rechazo, a las figura reales. Contrario a España, donde la pareja real es muy apreciada. Bueno, el rey don Juan Carlos hasta por estas tierras es bien recibido.

No le ha tocado fácil a la reina. La mujer ha envejecido, cada vez más amarga de cara (rostro que dudo alguna vez fuera dulcito o muy bonito), en su empeño por sostener la majestad real. Y eso pasa por retrazar lo más posible el ascenso del díscolo Carlos, el príncipe viejo, al trono. Seguramente llegará a rey, pero mientras ella tenga fuerzas, continuará… para ver si les deja algo a los nietos sin que el hijo lo deje perder todo; porque de todos los problemas a los que ha enfrentado la monarquía, los peores han sido atraídos por Carlos y su hermano, el príncipe Andrés; así como las ex mujeres de estos dos, Diana Spencer y Sarah Fergunson, brindaron duros y desagradables momentos, porque tocaron a la calaña personal de los herederos, algo que el pueblo ingles vio y tal vez le disgustó. El recuerdo de ambas nueras debe sentirse en la cabeza de la reina, como coronas de espinas.

Mucha gente le crítica a la mujer que no le permite a Carlos ascender, pero ¿cómo? Cosas como escándalos de dormitorios, traiciones y otros, suceden en todas partes, aún en la nobleza, a cada rato… el punto es que Carlos y Diana, Andrés y Sarah lo dejaron saber. ¿Qué no fue nada grave? Quien pretender ser rey, debe al menos mostrar, si no inteligencia, sentido común, tolerancia y constancia a la hora de elegir a la mujer que compartirá su cama, su vida, le dará hijos herederos y reinará con él. Él, o ellos, más que ningunos, son presos de lo que son, de su destino. Pero no, estos dos príncipes lo vieron como algo alegre y ligero… y lo resintió la monarquía como institución.

El caso Diana, que en paz descanse, dio golpes y zumbidos. Aún aquí, gente seria como Jurate Rosales y Rafael Poleo se ensalzaron en feroces batallas de pareceres, pero lo que más recuerdo fue una caricatura donde un narizón, flaco y dentón Carlos ve llegar a su madre, con la corona, con una llave de las usadas en mecánica en una mano, manchada de grasa y diciendo: “Bueno, ya me encargué de eso, espero que no sea necesario otro accidente”. Fue una caricatura divertida, y dura, pero en buena medida habla de las presiones que el resto de los mortales nada sabemos ni debemos enfrentar muchas veces: no es que ciertas personas deban ser ‘perfectas’, también deben parecerlo.

Luego están las obligaciones protocolares, quien va a Inglaterra por equis o ye (bueno, los poderosos, voy yo y a lo mejor me sacan del patio del palacio a bayonetazos), siente que debe verla. Es más, está en su derecho. Y ella debe soportar todo eso, con rostro que quiere ser amable, sin lograrlo. ¿Quién no se rió al saber de la visita de Bush padre, tan patón (qué en paz descanse) como el hijo, que en una reunión con la mujer, luego de la reverencia de saludo, tomó asiento antes que ella? Lo que es insólito, todo carajo sabe que debe esperar que las mujeres tomen asiento haces de hacerlo ellos. También estuvo el episodio con Hugo Chávez…

Según el protocolo real, explicado cuidadosamente a cada visitante, nadie puede tocar a una mujer como la reina; pero Chávez no le paró a eso, en su primera gira triunfal a Europa, que duro semanas de jolgorio y derroche (ah, fue tan fastuosa, y eso que todavía hablaba de vida frugal). Bien, cuando a nuestro presidente lo presentaron a la reina, este abrió los brazos como aspas de molino, pero la reina dio dos pasos atrás. Estaba alertada la mujer por una llamada de la reina de España, doña Sofía, quien debió soportar su abrazo campechanote (qué hoy sabemos no es sincero) del mandatario venezolano. Fue un momento incómodo que gente de la embajada (todavía Venezuela los tenía, personal diplomático, no gritones que chillan “uh ah Chávez no se va”), supo capear.

Cosa que vale la pena recordar, los dos pasos atrás de la reina, a raíz de otra gira presidencial al viejo continente, también triunfales, la de Barack y Michelle Obama. En presencia de Su Alteza, la Primera Dama norteamericana hizo pedazos el rígido protocolo ceremonial de la vieja y rancia Corte Inglesa. La espigada y bonita morenaza cruzó con su brazo la real espalda, gesto no sólo no tolerado, sino mal visto. Pero, para sorpresa de los asistentes, la cosa no pareció molestar a la otra, quien aceptó el gesto afectuoso y correspondió posando su brazo sobre la espalda de la señora Obama. Bueno, también la reina es humana, seguramente tiene sus preferencias, sus simpatías… pero también es lista y seguramente hubo mucho de cálculo en el gesto; sabía bien que los Obama, para ese momento, estaban en una onda de popularidad sin precedentes en Europa. Fue bueno que la vieran así.

Es por detalles así, que uno la mira con simpatía. Tenga paciencia, Su Majestad, coma bien, respire profundamente, deje que el príncipe Guillermo madure.

Julio César.

lunes, 15 de junio de 2009

BARCELONA CELEBRA, ZAMBRANO ENFURECE

El juego donde el FC Barcelona se coronó como el mejor club europeo, no pudo ser más emocionante. Ese triunfo sobre el Manchester United, en la final de la Liga de Campeones, dos goles por cero (¡a cero!, para más señas), le consiguió la trifecta: Copa del Rey, Liga Española y Champions League, consagrándose como el primer club español en lograrlo. Pobre del Real Madrid, no ven luz. Y, sin que se tome como nada prejuicioso, le ganaron al Manchester, lo que es mejor. Siempre he creído que los ingleses se lo toman demasiado en serio. No me gustan sus fanáticos.

El conjunto español jugó bien, animoso, en ningún momento bajó la guardia, apabullando a un conjunto inglés que se veía desorientado, totalmente perdido en la cancha a pesar de que los primeros minutos fueron controlados por ellos, hasta que el balde de agua fría les llegó del pie de Eto’o, quien batió a Van der Sar bajo la portería al empalmar un pase de Iniesta. Hasta allí duró la ofensiva de los llamados diablos rojos, lo que vino después fue la desesperación y la frustración. No encontraban cómo atacar. Cristiano Ronaldo no podía con la defensa, aunque atacaba una y otra vez con esa pasión, su cara era un poema de apuro, tan lusa que le pone (y que lo hace un tipo al que se le quiere ver ganando, aunque también perder, siempre pone ese toque de drama con el llanto que uno espera ver). Pero al pobre muchacho no lo ayudaba nadie; nadie parecía capaz de posicionarle un balón en la zona. De verdad, esta vez, les hizo falta un Beckham.

El Barcelona no aflojaba; en el segundo tiempo, y aunque Henry, quien tenía la oportunidad de clavar la banderilla dándole números finales al encuentro, no pudo por la banda izquierda, Xavi, sobre el minuto setenta, centró ese balonazo que consiguió dar en la cabeza de Messi, el argentino, quien sin ser cubierto por nadie, sentenció el final de las esperanzas del Manchester por voltear el resultado, esperanzas que nunca se pierden en el futbol, y menos con un “uno a cero”. Y de paso dándole un tropezón más al Ronaldo, ya que ese gol decisivo para enfriar el partido, casi lo asegura como el próximo balón de oro. Y es que ese es el problema con Ronaldo, al menos en los juegos que lo he visto, siempre escucho lo bueno que es, pero cuando estoy ahí (en mi casa, claro), no parece ser el jugador determinante para sentenciar un encuentro. Pero, fuera de eso, el Barcelona merecía ganar, jugó mucho mejor y toda su campaña durante la temporada fue muy buena.

Sólo cabe imaginar las celebraciones que llegaron después en toda España, porque este triunfo les da supremacía a los iberos en el torneo de copas de Campeones. Este es su triunfo número doce, por encima de Inglaterra con once, igual que Italia (a quienes ya no les voy desde el asunto aquel de Zidane), también con once. Ya me imagino a la amiga M, dichosa en medio de la multitud de seguidores del Barcelona, ronca de gritar, cansadas las manos de aplaudir, dolidas las rodillas de saltar, y con ardor de pecho de tantos abrazos.
……

Cosa curiosa, ese mismo día, aunque esto si no lo vi, lo supe luego por la prensa, el grande ligas venezolano, Carlos Zambrano, montó otro espectáculo. A este muchachón lo llaman “el Toro”, y de hecho la nota de prensa decía “Toro endemoniado”. No, es juego. Lo llaman así porque no solamente es un gran lanzador, sino que, para asegurarse de ganar sus juegos, batea bastante bien. El último juego que lanzó antes de este comentario, lo ganó dos a uno, siendo una de las carreras un home run que él mismo dio; es como si dijera “Mejor aseguro antes de que estos carajos me boten el juego”.

Pero el caso es que el 27 de mayo, Zambrano fue expulsado del juego tras un enfrentamiento con el arbitro Mark Carlson, después de una polémica y chiquitica jugada en el home (ahí siempre lo son, polémicas y chiquitas), pero sostenía la nota que no fue simplemente que el enorme hombre le gritó cosas al arbitro (seguramente preguntando cuánto le pagaba el otro equipo), sino que le dio un codazo. Mientras se retiraba, el Toro lanzó la pelota con rabia al jardín izquierdo, el guante contra el backstop y luego rompió a batazos un dispensador de agua que se encontraba dentro del dugout. Queda imaginar la impresión que causaba ese tipo grande dando de batazos, es de suponer que nadie se le acercó para decirle nada. Tan sólo faltó que dijeran que pateó a un perro, escupió pa'l cielo, habló en lenguas extrañas y batuqueó a la madrina del equipo. Ya el año pasado le había fracturado el brazo a uno de sus receptores.

Pero no, fuera de juego, tanta agresividad puede ser peligrosa, sobretodo cuando el portador de la rabia no sabe cómo controlarse. Hace algunos años el problema de un lanzador zuliano con mucho gancho, Julio Machado, quien después de una discusión sacó un arma de fuego y disparó contra un auto que se alejaba, no sólo destruyó lo que pudo ser un gran futuro en el Norte, sino que lo llevó a la cárcel por muchos años, desprestigiado totalmente. Después sólo queda el arrepentimiento (de las cosas perdidas, pero sobretodo de haber matado a alguien), el decirse “Ahora, no lo haría”, pero ¿de qué sirve ya?

Julio César.

viernes, 12 de junio de 2009

¡NO! ¡LA COLONOSCIPIA!

Hay exámenes que de por sí son horribles, pero hay otros que son peores, aquellos que van acompañados de todo un ritual que se convierten en un calvario. La colonoscopia es una de ella. Fuera de lo invasivo y traumático que es, todo lo que lo precede es desagradable, diga lo que diga nadie, aún los amantes de las emociones ‘fuertes’.

Hace tiempo sufrí un percance en mi trabajo. Estaba yo de lo más tranquilo cuando comencé a sudar, a sentir un malestar indefinido, como cuando uno amanece enratonado de tanto tomar caña, pero no tan fuerte y sin una causa tan aparente. Era un malestar… de esos que no se haya como describir, y que uno atribuye a una baja del potasio o del sodio (sin estar nunca muy seguro de qué significa eso). El caso es que estaba sintiéndome mal cuando comenzó la taquicardia, pensé en dirigirme a mi oficina y sentarme hasta sentirme mejor, pero todo se puso oscuro y cuando desperté había un gentío rodeándome, todos preguntándome qué tenía, que sí había comido antes de ir a trabajar o sí estaba enfermo.

¡Dios, fue tan incómodo! Yo habría preferido mil veces desmayarme en la calle y no ahí. Todo el mundo lo comentó, y hubo preocupación en unos, y gran diversión en aquellos que me echaron broma hasta que se cansaron. En Venezuela se hace un chiste de todo, aún de un viejito que cae por unas escaleras. Y la cosa tuvo cola, porque como dos años después, en un pasillo me encontré con una jovencita muy bonita que me miraba y le pregunté si nos conocíamos, a lo que respondió: si, yo estaba pasando cuando usted se desmayó aquel día. Esa vaina como que iba a perseguirme toda la vida, pensé. Lo extraño, cosas inexplicable para mí, fue que cuando abrí los ojos, vi a mi alrededor a gente conocida que llevaba hasta años sin haberlos vistos, que ese día en especial iban al edificio por una u otra causa.

Todo el mundo me indicó a qué médico ver y al final fui con un internista que me diagnosticó con pruebas usuales de sangre, heces y orina que tenía bichos: la horrible, desagradable y maldita amibiasis. ¿Cómo la contraje? ¡Misterio!, aunque soy de los que comen porquería en las calles, los perros calientes al lado de un basurero saben siempre mejor que aquellos hechos en casa, y esa es una de las grandes verdades de la vida. Me mandaron un tratamiento largo, y al final que me hiciera un ecosonograma hepático y una colonoscopia. Como gente normal, en cuanto me sentí bien y no apareció rastro de nada ni en sangre o heces, no me hice nada más. Pero al tiempo volví a sentirme mal, y me detectaron otra vez los parásitos esos, que al parecer no estaban muertos sino que andaban de parranda.

El tratamiento fue más duro y me ordenaron, casi con una orden judicial, que tenía que llevar la próxima vez el eco y los resultados de la colonoscopia. Al parecer los bichos se van al hígado o al colón y hacen su nido, actuando como un arrecife de coral, creando cáscara sobre cáscara hasta que lo destruyen todo (Dios, ¡que imagen tan asquerosa!). El eco hepático no fue problema, más bien me dio algo de risa por las cosquillas en la panza. Ah, pero la colonoscopia si que fue otra historia, una donde se aplica la canción aquella de: érase una vez una historia de amor, ahora es sólo un cuento de horror…

Lo primero que molesta es que te hacen llegar a las doce del día al servicio de Gastro donde hay como quince tipos más, todos para lo mismo, y te dicen desnúdese todo, y tenga esta bata. A mí no me gusta mucho quitarme la ropa delante de otras personas, y menos delante de tantos extraños. Sé que hay sujetos que no aguantan dos pedidas para desnudarse, como si tal cosa, y eso que hablo de gente normal, panzona o no tan bien dotada en ciertas partes; pero para mí es incómodo. Creo que no me sería fácil ni aunque tuviera buena pinta. Pero en fin, hay que quitárselo todo y te dan una bata corta, para gente menos corpulenta que uno y con la abertura hacia atrás. Y uno tiene que ir agarrándosela para no mostrar el culo antes de tiempo. Eso pasa a las doce del mediodía, y llegan las tres de la tarde y todavía no te llaman. Al final dicen tu nombre y tienes que salir de ese cuarto, cruzar un pasillo lleno de gente, y como treinta metros más allá está el salón, y todo ese trayecto lo haces agarrándote la bata con la mano.

Llegas al cuarto y te dicen que te tiendas de lado en la camilla, que estés tranquilo que eso no dolerá ni sentirás nada, como si esos metros de manguera (lo parecen) al entrar no produjeran nada. Es como si pensaran que es costumbre de uno meterse cosas así por ocio, para pasar una tarde aburrida sin nada mejor que hacer. Otro detalle que no falla es la enfermera afable que te sonríe, y no se sabe si es porque, con los nervios, a uno como que se le encoge más el amiguito y ella piensa: pobre tipo. Y allí estás tú, recostado de medio lado, como Miranda en la Carraca, intentando no pensar ni sentir nada mientras te inyectan, untan y penetran, igual a lo que ocurre en ciertas discotecas de Caracas con las drogas de la violación, que ahora usan en todo el mundo: te sedan en la barra, te lo escupen en el baño y te joden sin más, de broma no te dejan un teléfono por si quieres que se repita; ¡se han vuelto tan descarados! En esa mesa uno intenta parecen indiferente y lejano, no vaya a ser que se lance un jadeo que pueda ser malinterpretado.

Pero con sinceridad, es horrible. Y eso dura y dura mientras el médico te va enseñando este recodo o aquel, como si en verdad uno quisiera verse el colón por dentro. O por lo menos yo; a mí todo eso no me podía dejar más frío. Lo único que me preocupaba era que fueran a encontrarme una supercolonia de bichos o algo así. Que no los hubo, gracias a Dios. Si el médico supiera que en lo único que se puede pensar en todo momento es: ¿cómo harán para lavar esta manguera? Uno no es tan ingenuo como para creer que el perol es nuevo de agencia; y aunque me dijeron que había un gel y líquidos especiales, la imagen de una camarera, molesta y malencarada, con un tobito de agua y un trapito inmundo, pasándolo una sola vez sobre la manguerita (que en un momento dado se le escapaba y le cae sobre una pierna haciéndola gritar e inyectarse antibióticos), no abandonaba tu cabeza.

Para terminar, no describiré el proceso en sí, que cada quien lo descubra a la antigua (¡sorpresa, sorpresa!), debo decirles que la mente humana es extraña y compleja. En medio de toda esa operación, y sin saber por qué o cuándo, me puse contemplativo. Casi filosófico, diría yo. De verdad, por razones que no entiendo, me puse a cavilar sobre… el amor. No sé por qué motivo recordé algo que me habían dicho algunas amigas, y uno que otro tipo también: que a veces, el amor duele…

Julio César.

jueves, 23 de abril de 2009

DE MIEDOS Y FOBIAS

Hace algunos domingos desperté tarde después de una noche de juerga por una cena en casa de amigos que terminó en fiesta. Fui acompañado y con ella regresé al apartamento. Al día siguiente despertamos casi a las nueve, lo que se sintió bien; y después del café (sin hambre todavía), regresamos a la cama y vimos algo de televisión para apartar la flojera. Sintonizamos el canal AXN donde transmitían uno de sus buenos seriales. Un grupo del FBI perseguí a un demente que mataba a sus víctimas prácticamente de miedo. Utilizaba sus temores para torturarlos y luego asesinarlos. Era realmente cruel, sádico, pero lo más inquietante era que, pensándolo en frío, algo así podría ocurrir en la vida real. El caso fue que en dos de los asesinatos, mi ‘novia’, quien trabaja en salud, dijo que era absurdo, que nadie podía ser asesinado de esa manera. Estuve de acuerdo, pero más tarde pensé que en nuestro análisis no tomamos algo en cuenta: el verdadero rostro del miedo.

Todos hemos sentido temor más de una vez. Un carro que se nos viene encima, un humo saliendo de una habitación, alguien que nos sigue por una calleja larga y solitaria (pregúntenle a cualquier caraqueño). ¿Qué puede haber más aterrador que un teléfono sonando a las dos o tres de la madrugada? Siempre se piensa lo mismo: un muerto, alguien murió, alguien cercano; y en el corto tiempo que cubrimos la distancia hasta el teléfono, nos imaginamos todas las combinaciones posible y no sabemos cuál es peor. Pero tener algo de miedo no está mal. El miedo es una alarma del cuerpo que nos advierte que estamos frente a una situación potencialmente dañina tirando a catastrófica; tal vez es ese remanente del instinto, atrofiado en nuestro caso, que les avisa a los animales del peligro. ¿Un carro casi te arrolla porque cruzas la avenida hablando por teléfono o pensando en qué comerás?, fíjate mejor la próxima vez. Y es cierto, el recuerdo queda. La lección se aprende.

Pero ese es el miedo, una sensación desagradable donde se disparan todas las alarmas para que nos pongamos en guardia; las fobias son distintas, es el miedo a la enésima potencia, el temor patológico e irracional a situaciones o eventos que otros consideran pueden afrontar fácilmente, pero donde el fóbico siente que se ahoga y cae inerme. El temor visceral a los espacios encerrados, el miedo al agua, a las alturas, son temores conocidos. En buena medida todos las compartimos, pero podemos afrontarlo con racionalidad. Personalmente les tengo un asco incurable a las cucarachas (a las grandes, no la las chiripitas), ir por un pasillo y que alguna venga volando quién sabe de dónde y me corte el paso, me paraliza por segundos. Me parece que si me muevo o algo, el animalejo se me arroja. Y pensar que me pueda tocar es algo que no puedo ni imaginar. Pero al momento uno sabe que, o le da un zapatazo o sí se está cerca de la cocina se va por un aerosol, y terminamos con esa fuente de inquietudes. Los que padecen fobias no, no pueden razonar, cuantificar. Se entregan totalmente al pánico y ya no pueden ver nada más. Atacados de miedo una persona puede enloquecer temporalmente y correr hacia la fuente de peligro, o caer en estado casi catatónico, doblado sobre sí, deseando confundirse con la tierra o el medio ambiente, incapaz de controlarse.

En la serie en cuestión, el demente induce a un joven a entrar a un lago profundo para ayudarlo a vencer su miedo al agua, enfrentando el objeto del temor (morir ahogado), pero el sujeto, una vez sumergido el otro, le quita el apoyo que tiene. La víctima pataleó y gritó, entregándose al pánico (cómo suplicó ayuda a su verdugo). Claro que se ahogó, porque no pudo vencer el miedo paralizante que no lo dejó razonar. Todo el que ha estado en una piscina profunda, o un mar en calma, sabe que basta acostarse de espadas, estirando totalmente el cuerpo, intentando que cabeza, hombros y pies sobresalgan, y se tiene una buena oportunidad de flotar durante mucho tiempo. En casos de peligro, hasta que alguien llegue y ayude. La posición ofrece una amplia zona de resistencia a la superpie del agua, a menos que se lleve pesas o rocas o algo así en los bolsillos. El asesino, en la serie, no intentó hundirlo, simplemente se dedicó a verlo sufrir y morir.

El otro asesinato trataba sobre una joven que temía ser enterrada viva; aquí el falso médico la arrojó a un pozo y comenzó a lanzarle tierra (como parte del tratamiento de curación); pero el hombre pensaba asesinarla sepultándola. Ella gritaba y suplicaba, pero dejaba que pasara. Estaba allí, metida en un hueco, quieta, mientras él vaciaba bolsitas de tierra sobre ella. Una persona normal sabe que si te arrojan tierra o arena, a menos que sea muy fina, es posible dejar que se vaya asentando en el fondo, intentando mover los pies como escalando para formar escalones o apoyos naturales que ayuden a ganar altura mientras esta cae. Claro, si a uno le arrojan una palada mecánica de tierra no hay caso, quedas sepultado de inmediato; pero este arrojaba tierra con lentitud. Por eso a mi amiga no la convenció nada de eso, sin embargo…

Pensar en flotar sobre las aguas, o escalar y moverse para ‘subir’ sobre la tierra que cae, es un acto de pensamiento racional en medio del peligro que una persona con fobias no puede ejecutar. En sus cabezas todo es rojo, todo es peligro. Una persona así ya no es dueña de sus actos; y repito, o cae postrada ante aquello que puede destruirlo, o atacará de forma descontrolada, como la rata en la ratonera. Debe ser extraño tener tanto miedo, ¿verdad? Todo aquello que te haga perder tus capacidades mentales, de raciocinio, de ser humano, debe ser una tortura. En cuanto a la tortuosidad de la gente en tal situación de peligro, una vez hablando un grupo de nosotros sobre qué haríamos para salvarnos en un tercer piso si hay un incendio, un amigo dijo: yo dejo que llevados por el pánico muchos se arrojen por un balcón, y después trato de caer de nalgas sobre algunos para que amortigüen. Eso es pensamiento racional… de algún tipo.

Julio César.

viernes, 17 de abril de 2009

LA MALA SEMILLA SIEMPRE CAE CERCA DEL ÁRBOL

¿Recuerdan aquella película? ¿La de la niña asesina? ¿Y la de El Ángel Malvado, el niño sicópata? Las personas cometen con los niños un error natural de apreciación: piensan que infancia, que nacer, es sinónimo de bondad. No, no nacemos buenos, nacemos inocentes porque aún no hemos hecho nada malo. No hemos tenido tiempo. Eso no significa ni es garantía de que podemos mantenernos en ‘estado de gracia’. Eso de que un niño bien criado y guiado será ‘bueno’, es tan cierto como creer que dándole un besito a una zona herida, se quita o cura el dolor físico. Todo es fe en fuerzas que no se ven.

Repito, nacemos inocentes, no buenos. Y el ser ‘malos’ no depende de una falla educativa o falta de amor. Eso puede influir. Un niño golpeado, abandonado, puede estar más lleno de ira o resentimientos que uno que fue protegido y amado, pero eso no predispone hacia ‘el lado oscuro’, como gustan de creer tantos payasos que intentan explicar el problema de la delincuencia juvenil con simplismos. Esa es tan sólo una excusa floja y torpe. Millones y millones pasan por situaciones horribles, dantescas, y no se transforman en delincuentes o monstruos. La falta de mano dura para fijar los límites de lo permitido o no, demarcar la diferencia de lo bueno de lo malo, sí influye, ya que por tendencia el muchacho hará aquello que le brinde placer, sea escapando por una ventana para ir a una fiesta, o golpeando a niños más pequeños en el preescolar; y dentro de esta categoría, más aberrante pero con igual explicación, está quien va a una fiesta y viola a una joven, creyendo que no es grave, encontrando atenuantes y complicidades en familiares y amigos. Aquí estamos en presencia de personalidades sicóticas.

Tengo una amiga (seguramente pensarán, ¿pero cuántas tiene? Muchas. Tengo facilidad para hacer amistades. Sé escuchar y poner cara de circunstancia), a la que llamaremos Gina (no es su nombre, pero no la quiero detrás de mí con una escopeta). Ella tiene una nena de cinco años, pequeña para su edad, pero de ojos grandes, atentos, inteligentes. Es de las que se queda mirándote como calculando dónde darte. La niña se llama Nancy (inventado, ¿lo ves, Gina?). Cuando Nancy comenzó el preescolar a los cuatro añitos, un niño más grande que ella le quitó su lonchera, arrojó su comida al piso y le dio una cachetada.

Nancy no le dijo nada a nadie, pero al otro día comenzó a brindarle al niño caramelos y manzanas. Se hicieron amigos, eran el terror del salón, por tremendos y todo eso. Más o menos un mes después (sospecho que esperaba el ‘aniversario’), Nancy le dijo que pusiera la mano que le traía un regalo. En palabras de la maestra que estaba allí, el niño abrió la palma… y ella le clavó un lápiz al que había afilado previamente. No contenta con eso, lo agitó, rompiendo la mina dentro de la piel del niño. Imaginarán los gritos de este y el susto de la maestra ante la agresión. Nancy, y Gina, fueron con el ‘director’, y allí la niña contó por qué lo hizo. Claro que no se hizo un favor al hacerlo, porque como le dije luego a Gina, en su actuar mostró que no fue tremendura o rabia de una niña agredida, sino que actuó con premeditación, alevosía y hasta fingimiento. ¡Una niña de cuatro años! Uno entiende una venganza, ese niño la golpeó y al descuidarse, ella se desquitó. Pero esto era… tortuoso. A Gina le recomendaron que cambiara a la niña de colegio, y creo que temiendo un escándalo o una nota de mala conducta, por decir lo menos, aceptó. La ha llevado con sicólogos infantiles, y se ve bien, sonriente, bonita y pícara… pero yo siempre le digo a Gina que si discuten, no le de la espada y que tenga cuidado con el racumín.

Todo eso lo recordé revisando la Web leyendo noticias, encontrando esta. La leí y reviví todo aquello. ¿Puede un niño nacer malo, torcido? Todos aseguran que no, pero a veces temo que sea únicamente el deseo de creer que no es así lo que nos impulsa a decirlo. En fin, leamos la nota:
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KIP KINKEL – EL ASESINO DEL INSTITUTO

El 20 de mayo de 1998, hace ahora once años, Kip Kinkel, el hijo adolescente de una respetada familia de clase media de Springfield, Oregón, asesinó a sus padres y luego disparó contra sus compañeros de instituto, matando a dos e hiriendo gravemente a veinticinco.

El joven fue criado bajo la autoridad de unos padres represivos. Era frecuente la aparición de dibujos siniestros en sus tareas de clase. En su adolescencia mostró afición por las armas de fuego, afición consentida por sus padres. En 1998 fue detenido por llevar y haber guardado una pistola dentro de su casillero. La policía lo dejó bajo la custodia de su padre, quien al llegar a casa reprendía duramente a Kip.

Poco después, mientras su padre se encontraba en la cocina, Kip tomó un rifle, apuntó a su nuca y disparó. Al poco tiempo recibió la llamada de un amigo, con quien conversó durante más de una hora con aparente tranquilidad. Mientras su madre subía las escaleras de la case Kip le dijo "te quiero mamá" y disparó. Fueron encontrados 6 disparos en el cuerpo de ésta.

Kip cargó su pistola, y dejó escrita una nota en su casa: "Acabo de asesinar a mis padres. Soy un hijo terrible. Ojalá mi madre hubiera abortado. Mi cabeza no funciona bien, oigo voces dentro de ella." Aquella noche Kip la pasó solo en su casa y a la mañana siguiente se puso una gabardina, para esconder su rifle. Condujo solo el coche de sus padres y en 20 minutos llegó al instituto. Poco después de las 10, llegó a su colegio. El vestíbulo estaba casi vacío, por lo que se llegó a la cafetería. Disparó 48 veces en menos de un minuto. Alcanzó a 24 estudiantes.

El rifle de Kip se quedó sin munición, sacó su pistola y pudo hacer todavía un disparo mientras un grupo de muchachos intentaba reducirle. Grita a los muchachos que lo maten.

En sus declaraciones a la policía se muestra muy dolido por la muerte de sus padres, a quienes quería mucho. Repite continuamente que quiere morir. En Septiembre de 1999 se declara culpable de 4 asesinatos y 26 intentos de homicidio. Con su edad, 15 años, es condenado a cadena perpetua (gracias a Dios, nota de JC).

Si el tópico asegura que detrás de este tipo de actos hay familias desestructuradas, hogares inhóspitos, abandono físico o emocional, la investigación llevada a cabo para este documental sorprende al descubrir un entorno familiar cálido, unos padres atentos, una comunidad confortable. Nada en el expediente escolar de Kip hacía pensar en que se tratara de un chico con predisposición a la violencia.

“El asesino del Instituto” cuenta con los vídeos domésticos de la familia Kinkel y los escritos dejados por Kip, lo que permite explorar en profundidad los hechos de su vida cotidiana, en un intento por comprender qué acontecimientos hubieran podido conducir a este muchacho a este acto impredecible de violencia. De su análisis se van extrayendo pequeñas señales que permiten intuir qué acontecimientos fueron marcando el mundo interior de Kip y creando las perturbaciones emocionales que le llevaron a cometer esos asesinatos. Kip dejó escrito: “Soy el diablo. Deseo matar y provocar dolor gratuito. Me odio por haberme convertido en esto”.
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¿Qué creo? Nació malo. Y sin embargo hay detalles que hablan de una perturbación mental, que suena más bien a una profunda depresión, una oscura y mórbida de la que no supo cómo salir. Ese chico parecía atrapado en una miasma que no lo dejaba ver el sol o el día bonito más allá de su pesar anímico, posiblemente sintiéndose nada, basura en comparación con otros. Casi es posible imaginar lo que se dijo: Sí acabo con todo, todo puede cambiar. ¿Será este un caso aislado, algo raro que ocurre de tarde en tarde, o estamos rodeados de monstruos, de seres que de lejos parecen gente como todos pero de cerca tienen más colmillos que un vampiro? Asusta e inquieta.

Julio César.

martes, 7 de abril de 2009

HAY GENTE A LA QUE NUNCA LE ES SUFICIENTE

Hace años salía yo con una joven de nombre Margarita. Me gustaba, era bonita, aunque nunca entendí por qué comenzó a salir conmigo en primer lugar. Parecía que nada en mí le parecía bien o satisfacía. No importara que tanto hiciera yo por tenerla contenta (era hasta amable en esos días), ella nunca estaba contenta. No era feliz. Ahora, más viejo y sabio (digan lo que digan mis amigos), entiendo un poco mejor; hay personas que no están contentas jamás, que nunca son felices, porque disfrutan estando molestas, incómodas e infelices. Ahora lo sé. Esto viene al cuento por algo que me enviaron por correo, como imagino que se los enviaron a todos, es algo conocido, uno casi lo adivina antes de llegar al final, pero eso no lo hace menos verídico:
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El CAN
Un carnicero estaba apunto de cerrar su negocio cuando vio entrar un perro. Trato de espantarlo, pero el perro volvió. Nuevamente intento espantarlo, pero entonces se dio cuenta que el animal traía un sobre en el hocico.

Curioso, el carnicero abrió el sobre y en su interior encontró un billete de 500 pesos y una nota que decía: ¿Podría mandarme con el perro 1kg de carne molida de res y 1/2kg de pierna de cerdo?

Asombrado, el carnicero tomo el dinero, coloco la carne molida y la pierna de cerdo en una bolsa y la puso junto al perro, pero olvido darle el cambio. El perro empezó a gruñir y a mostrarle los colmillos.

Al darse cuenta de su error, el carnicero puso el cambio del billete en la bolsa; el perro se calmó, cogió la bolsa con el hocico y salió del establecimiento. El carnicero, impresionado, decidió seguir al can y cerró a toda prisa su negocio.

El animal bajo por la calle hasta el primer semáforo, donde se sentó en la acera y aguardo para poder cruzar. Luego atravesó la calle y camino hasta una parada de autobús, con el carnicero siguiéndole de cerca. En la parada cuando vio que era el autobús correcto, subió seguido por el carnicero.

El carnicero, boquiabierto, observo que el can erguido sobre las patas traseras, toco el timbre para descender, siempre con la bolsa en el hocico.

Perro y carnicero caminaron por la calle hasta que el animal se detuvo en una casa, donde puso las compras junto a la puerta y, retirándose un poco, se lanzo contra esta, golpeándola fuerte. Repitió la acción varias veces, pero nadie respondió en la casa.

En el colmo del asombro, el carnicero vio al perro tomar la bolsa con el hocico, rodear la casa, saltar una cerca y dirigirse a una ventana. Una vez allí, tocó con las patas en el vidrio varias veces sin soltar su carga; luego regreso a la puerta.

En ese momento, un hombre abrió la puerta... ¡y comenzó a golpear al perro! El carnicero corrió hasta el hombre para impedirlo, diciéndole: Por Dios, amigo ¿Qué es lo que esta haciendo? ¡Su perro es un genio!... ¡Es único!

El hombre, evidentemente molesto, respondió: ¡Qué genio ni que la chingada! Esta es la segunda vez en esta semana que al muy estúpido se le olvidan las llaves.... y yo en el baño.

MORALEJA:

Por más que te esfuerces y cumplas más allá de tu deber en el trabajo, a los ojos de un jefe siempre estarás por debajo de lo que él quiere.

Reenvía esta moraleja a quien creas que trabaje como PERRO.
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Es tragicómico, ¿verdad? Pero muy cierto.

Julio César.

miércoles, 1 de abril de 2009

AY, ESOS CALENDARIOS…

Hace tiempo Silvia, una amiga, me comentó entre divertida y molesta, que a su hijo de trece años, al que sobreprotege demasiado (son sólo él y ella), le habían regalado los compañeros de estudios, el calendario caliente de Norkys Batista. Me contó que él llegó como asustado: “Mira, mami, lo que me regalaron esos payados e la escuela por mi cumpleaños”. Ella nada dijo, pero entendía que seguramente él lo había pedido, o estaba de acuerdo. La verdad es que ese calendario bien valía la pena, es como esos que están en los talleres mecánicos, donde junto a un carro siempre esta una o dos chicas en bikinis. Siempre he creído, aunque por algunos comentarios sobre diversos tópicos que he recibido creo que no es así totalmente, que sólo a los hombres nos interesan este tipo de publicaciones. Aún cuando las fotos sean de otros carajos. Me explico:

Durante años he sabido de las Playboy, ¿quién no?; luego supe que existía su hermana bastarda, la Playgirl, pero que esta nunca contó con tanta aceptación ya que la mujer promedio no la adquiría, siendo su mayor mercado el de los homosexuales (no les digo, ¡hombres!). Al parecer ocurre igual con estos calendarios. En Venezuela, hace unos tres o cuatro años, todo el que salía en televisión, por cualquier motivo, con buena pinta, sacaba un calendario. Sólo tres corrieron con cierta suerte, el del Pablo Martín ese, el actor que hizo carrera luciendo pequeñas prendas de vestir en novelas; el de los Misters Venezuela, por ser varios, y este de Norkys Batista. Y lo cierto es que las mujeres los compran, digo, los de hombres, pero en su mayoría son ‘otros’ hombres quienes se los llevan. Es un hecho. Creo que es por eso que ciertas firmas de modas que publican anualmente calendarios masculinos, se van de una vez por lo seguro, jugando a la ambigüedad, como el francés en France de los Dieux du Stade (qué dónde está lo ambiguo o dudoso, no lo sé, más claro no canta un gallo). Júzguenlo:
Julio César.

NOTA: No, Fátima, no pienso sacar el mío… el calendario, quiero decir.

LIMÓN Y JUVENTUD

Hace poco coincidí con varios conocidos de años tan pasados como el bachillerato, en la sala de espera de una clínica. Una amiga común tiene un problema grave, muy serio, con su hija. No hay buenos pronósticos. Allí me encontré con Deborah, una mujer a quien conocí en cuarto año de bachillerato (no sé cómo le dicen ahora a ese año), a quien le había perdido el rastro. Me sorprendí de entrada, como todos, porque estaba igualita. No era simplemente que se conservaba delgada (más llenita, de rostro algo más cachetón, pero era todo). Su rostro era una belleza. Todos querían saber qué hacía. Lo que me pareció de lo más indiscreto. Su respuesta fue: el limón.

Aparentemente el limón, ese cítrico realmente ácido, ayuda como tratamiento de belleza nocturno (¡más vainas para antes de dormir en las mujeres!). Según ella, que parece muy enterada, el jugo de este fruto ayuda a eliminar en la piel del rostro, granitos, asperezas y hasta ‘lima’ pequeños surcos. Aparentemente cada noche toma medio limón mediano, y frente a su espejo, lo aplica frotándolo por frente, pómulos y nariz. Sobre mentón, mejillas y el sobre labio superior, lo frota más fuerte, de abajo hacia arriba para ‘entrar’ en los poros. Finalmente, cerrando los ojos, lo frota con menos vigor sobre las ‘ojeras’. Siempre según ella, al ir secándose, le prensa un tanto la piel, y eso la ayuda a mantener la piel lozana, fresca y limpia. Ah, y terminando, oprime el fruto sacando unas gotas que aplica y extiende sobre los dorsos de sus manos porque eso mantiene la elasticidad de la piel y evita las manchas hepáticas. La vejez, pues.

Y sí, Deborah se ve bellísima, tal vez eso sí le funcione. ¿Quién sabe? Pero ahora un aparte, cada cierto tiempo aparece una panacea benigna para todo; cuando muchacho escuché muchas cosas buenas sobre el ajo. Todo era con el ajo. Luego llegó el turno del limón. Más tarde los desplazó la sábila. Ahora la sábila se utiliza para atender desde heridas en la piel, hasta como expectorante para la tos. Sin embargo, el limón como que sigue ahí ahí. En un aparte (después de decirme que me veía mejor que hace años, lo que me pareció un cumplido, o así quise verlo), le pregunté qué opinaba su marido de pasar la lengua y encontrarse con el ácido del limón. A lo que respondió:

-Necio, uso el limón después de mis otros asuntos.

Dios, qué energía tienen las mujeres.

Julio César.

DAVID BECKHAM, A QUIEN DIOS SE LO DA…

Siempre me ha desconcertado que por comentarios ligeros hechos de pasada para llenar un hueco, reciba comentarios y hasta correos. Eso me pasó hace poco por una mención que hice del poco buen gusto de un grupo de fanáticos españoles que le gritaban “maricón”, en medio de un juego entre Inglaterra y España, al señor Beckham. Sí, me sonreí de oreja a oreja, pero estuvo mal (ay, España… ¿qué te pasa?). Bien, por ello recibí correos… pero no por el comentario (¡claro!), sino por las imágenes. Me pedían otras. Desde que comencé a escribir he encontrado uno que otro espacio del que he tomado cosas, y he reunido algunas fotos, casi siempre para acompañar algo.

Bien, aquí hay algunas fotografías del señor David Beckham. Para ser totalmente sinceros… no me cae bien, y no sé por qué (bien parecido, rico, famoso, casado con una belleza… ¡ese maldito!); pero a quien le guste, aquí tiene:


Julio César.

lunes, 16 de marzo de 2009

NOVELA NORTEAMERICANA, DATO CURIOSO

No, no pienso meterme en el problema de investigar cuándo, dónde y cómo comenzaron a imprimirse, o cuál fue la primera editorial ni nada de eso. Tan sólo quiero compartir una nota encontrada en la prensa. Habla sobre un pionero, alguien que tuvo la paciencia, el arte y la dedicación para hacer algo, escribir. También de aquellos que hicieron posible su divulgación. Lo tomé de la columna de Eduardo Riveros en el diario EL NUEVO PAÍS. Me pareció interesantísimo, pero más que eso, fue revelador. Casi admirable. Tanto el relato en sí, como el esfuerzo del señor Riveros por darlo a conocer. Disfrútenlo:
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LA ARRECHERA COTIDIANA
¿Qué merecimiento, crédito tiene William Hill Brown? El haber sido el primer escritor norteamericano al que se le publicó una novela. Fue el 21 de enero de 1789 y la obra se titulaba: “El poder de la simpatía”. La editó Isaiah Thomas, en dos volúmenes, y se promocionó como una historia de amor y sexo. Esto no era del todo cierto; casi integro lo contrario. En el libro Hill hacía un llamado a las mujeres estadounidenses para que: “preservaran el honor y las buenas costumbres”, salvaguardando así la moral del país. De paso advertía sobre el peligro de sucumbir a los llamados del sexo.

William Hill Brown nació en Boston en noviembre de 1765 y murió, con tan sólo 28 años, el 2 de septiembre de 1793 en Carolina del Norte. Desafortunadamente no hay muchos detalles sobre su vida. Se sabe que elaboró otras historias entre la que destaca: “West Point Preserve”, donde narra las peripecias del espía británico John André. Se entiende que no se guarden muchos antecedentes de la vida y obra de este intelectual. Para entonces el país todavía era un proyecto, la llamada Conquista del Oeste estaba vigente y, para tener una idea, basta citar algo que todos han oído alguna vez: la Batalla del Álamo en que el ejército mexicano derrotó, luego de 21 días de asedio, a los segregacionistas de Texas. Esto fue 71 años después que Hill diera a luz su: “El poder de la simpatía”.

Los que han estudiado el trabajo de Hill no le dan mayor merito que el haber abierto la llave de la emisión de libros en su país. “El poder de la simpatía” es una recopilación, fantaseada, de un intercambio de cartas entre los protagonistas: Thomas Harrington, Harriot Faucet, Jack Worthy, Myra Harrington y la principal Elizabeth Holmes. Esta es la que despierta las inquietudes eróticas entre algunos de los varones y entonces comienzan en canje epistolar, como si fuese con Maribel Anders, la Corresponsal del Amor aquí en El Nuevo País. ¿Qué actitud tomar antes los avances de tal? ¿Es lícito que me deje seducir por cuál? ¿Cómo saber las intensiones reales de esa muchacha? Y el relato se hilvana mediante esta serie de consultas, dudas y sus respuestas. Otro mérito que no se recalca y que recae totalmente en Hill es haber sido el que inició la distribución de libros. Los charlatanes que recorrían Norteamérica en sus carromatos cargados de tónicos, brebajes para la tos y caída del cabello, comenzaron a llevar libros. Quizá esa difusión sea el mayor mérito de William Hill Brown.
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Me gustó, como me gusta siempre la historia. ¿Imaginan un mundo donde vocean que traen un tónico para el vigor, un ungüento contra las arrugas y lo más desconcertante de todo: un libro, una novela de amor y sexo? Y había quienes se interesaban, que lo compraban y lo hojeaban, tal vez sintiéndose atrapados, subyugados por una trama… aunque hoy día nos parezca algo fatal. Estas ideas sobre lo que son lecturas “viejas”, son engañosas. La Biblia misma es un libro de aventuras emocionantes, hay traiciones, suspenso, sorpresas. El Satiricón es ameno y divertido. El Decamerón también, amén de ilustrativo. ¿Y qué decir de “Lo que el viento se llevó”? Esa novela es apasionante se tenga la edad que se tenga.

Julio César.