Mostrando entradas con la etiqueta MUNDO BETA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MUNDO BETA. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de julio de 2009

LA TIERRA ESTÁ ENFERMA

Atrapado en el tráfico caraqueño escuché la curiosa propaganda de radio. Una dulce voz femenina anunciaba que para el dos mil doce, la temperatura ambiental mundial puede aumentar en dos grados. Una voz desenfadada de hombre replicaba: “¿Dos grados?” no es mucho”. Aunque yo pensé, sudándome la espalda, que sí lo sería. Entonces la voz femenina prosiguió como si no lo hubiera escuchado, seria: “Puede que aumente tres grados, o cuatro”. El hombre replicaba, “Caramba”; mientras ella finaliza: “Y hay quienes sostienen que el cambio puede ser de seis grados”. Ahora sí preocupado, el hombre respondió: “¡Seis grados!, pero eso es mucho, ¿verdad?”. Fue cuando comenzó una cancioncita que se me antojó lúgubre: “La tierra está sufriendo, tiene una fiebre muy alta, los seres humanos la enfermamos”.

Fue casi escalofriante. Curiosamente la gente a mi alrededor pareció no escucharla. Hace tiempo, hablando con una amiga sobre un dantesco pueblo minero en China, donde siempre es de noche por el humo de la contaminación, ella comentaba que le daba miedo que un día llegáramos a un punto donde nada se pudiera hacer. Nada le dije, pero me pregunté: ¿Y sí ya pasamos ese momento de no retorno? ¿Y sí fue hace medio año, un mes, dos semanas o un día atrás cuando podíamos hacer algo para evitar lo que llegará? ¿Y sí ya no hay tiempo por mucho que lo intentemos… ni esperanzas?

Julio César.

miércoles, 27 de mayo de 2009

¿ACASO HAY CONSUELO PARA RAQUEL, LA QUE LLORA A SUS HIJOS MUERTOS?

Una mujer despierta en medio de la noche, una noche azarosa en medio de una vida azarosa. Ha criado a cinco hijos prácticamente sola. La noticia no puede entenderla por un segundo: le han matado a un hijo. A ella no le importa saber cómo, en dónde, quién o por qué; su mente llegó hasta el detalle: le mataron a su muchacho. Pasado el shock viene la realidad, cruda y salvaje, se le fue. Alguien a quien llevó dentro de sí, a quien parió, amamantó y cargó, sintiéndose increíblemente feliz cuando le sonreía con su carita de luna redonda, compensándole todo malestar en su existencia. Pero es la vida, es el país. Esas cosas pasan. Está en la morgue, hay que ir por él, preparar el funeral. Avisa a sus otros hijos, a sus familiares y conocidos. Una nuera la llama: nos vemos allá, voy con una plata que te envía el Negro, tu hijo.

Y se encuentran, pero la joven llega llorando y grita: mataron al Negro. En menos de un día la mujer los ha perdido a los dos. ¿Qué queda para ella? Esas cosas pasan, le dirán de nuevo. Pero ¿será cierto? ¿Está condenado un país pequeño nadando en petróleo, con ingresos en diez años de novecientos mil millones de dólares despilfarrados, a la miseria, la mendicidad, el hamponato y la inseguridad? ¿No hay un responsable, un culpable?

Frente a los dos ataúdes donde esa mujer se sentará a sufrir y consumirse como purgando una culpa tal vez no suya, ¿quién responderá ante ella?

Julio César.

viernes, 20 de febrero de 2009

HORRORES NUEVOS… VIEJAS PESADILLAS…

Hace años quedé desconcertado y sorprendido cuando oí de los horrores que acompañaban la disolución de Yugoslavia. La violencia en forma de limpieza étnica. No entendía cómo algo así podía ocurrir. Luego supe que esa ‘política’ de guerra, matar a hombres y niños, violar y preñar mujeres y niñas para que la nueva población sea propia, era harto conocida. Desde las invasiones bárbaras el mundo lo conocía en esa región geográfica. Pasan los años, los siglos, y seguimos exactamente igual. Nos gusta creer que estamos en un mundo civilizado, en otra era, que eso ya no ocurre… pero recuerden que Milosevic, con los horrores del mundo eslavo contra los eslavos ‘distintos’, murió hace muy poco, que sus crímenes son resientes.

Gaza y Tel Avit continúan su guerra. La historia es vieja. Todos la conocemos. Estamos en otra era, pero la realidad es exactamente la misma, en lugar de hablar, razonar, en lugar de soñar con un mundo distinto, uno donde se pueda convivir y prosperar cada quien según le vaya saliendo, es más fácil sacar garras y colmillos, y clavarlos en las carnes de otro. Imagino que hay hombres y mujeres, de ambos lados, que quieren comer, dormir, pasear una tarde de brisa, ver correr a sus niños jugando, acostarse sabiendo, que dura y todo como es la vida, mañana será otro día para vivirla, que esperan la paz; pero los intolerantes, los señores del odio, de parte y parte, sólo sueñan con muertes y cadáveres. Su gloria está allí. Siempre ha sido más fácil matar y destruir que trabajar, perseverar y construir. Es una realidad.

A veces, cuando escucho programas sobre computación y tecnología, aún de medicina y ciencias, no puedo evitar una sonrisa de amargura. ¡Qué ingenuos! Casi me dan pena; se parecen al niño que, tomando un bate en sus manos, imagina que con tan sólo desearlo será un astro. Claro, él tiene derecho a soñarlo así, como algo fácil y seguro, como una realidad, ¡es un niño! Lo extraño es oír a esos que proclaman, sonrisa en rostro, que el mundo dejó atrás la horda. Piensan vivir en un mundo que no es este mundo. Todavía se recogen escombros en Gaza, pero de haber unas elecciones mañana, Hamas volvería a ganar, es el deseo de muchos palestinos, no importa que nada se construya mientras maten al sionista; y los israelitas, como defensa, únicamente continuaran su política de “muerto el perro, se acabó la rabia”. Es el mundo que nos tocó… pero es fácil entenderlo, la historia tiene siglos repitiéndose.

Julio César.