domingo, 10 de mayo de 2009

AH, ROPA INTERIOR…

-Yo sólo estoy de adorno, esto no tiene que ver conmigo.

-¿Qué, no te gusta así?
Siempre he siento cierta preferencia a la hora de imaginar ropa interior. No es complicado, me fascina ver fotografías de bikinis, tangas y e hilos dentales. ¿Qué se le hace?, son imágenes que me llenan de calorcito. Casi puedo rastrear esa fijación hasta mi última niñez, ya a los once, cuando la primera revistica verde cayó en mis manos, una PENTHOUSE, donde una hermosa chica, con una diminuta pantaletica roja, se exhibía. Desde ese momento me quedó el amor, como imagino que le ocurre a la mayoría de los hombres, héteros u homos, según el caso, por semejantes prendas sobre el cuerpo correspondiente.

Esas prendas mínimas son de lo más grande. Un cuerpo bonito, esbelto, semi desnudo, llama la atención. De hecho hay sujetos, héteros, aunque jamás lo dirían así, que se quedan mirando a carajos bien formados en una piscina si llevan un bañador chico, tal vez para criticar o algo, pero de que miran, miran (con el consabido “parece marica”, interior). Sí, esas prendas diminutas causan furor, y esto me lleva al punto del que quiero hablar, respecto a nosotros los hombres: en la vida real, cotidiana, eso no es tan bueno. A menos que se tenga un cuerpo del carajo, ningún tipo debería arriesgarse a pasear la masa así como así es un bikini ni nada por el estilo. No se ve bien. Un sujeto obeso, peludo y con aire de rascarse las metras cuando no lo miran (y aún cuando lo miran) no es nada sugestivo en tales vestimentas. Igual que aquellos carajos que parecen peleados con el agua y el jabón. La tanga no le queda bien a todo el mundo, incluso a muchas féminas, lamentablemente hay que admitirlo. Pero hablemos de calzoncillos, de aseo personal y de hombres…

Con los bóxer hemos venido a descubrir lo que es comodidad al vestir, o bajo las ropas. Son prendas tan placenteras, tan funcionales, que uno se pregunta cómo no las usaba antes. O no lo recordábamos, porque mi abuelo usaba algo parecido, aunque más largo. Como hombre que de niño usé los tipos ovejitas (mi mamá me los compraba), al ir creciendo compré mi propia ropa y usé los más chicos, porque eran prácticos para llevar la camisa por dentro y sujetar con cierto grado de seguridad… el bojote, sobretodo en esos años cuando no podía acariciarnos una brisa sin que despertara con ruido. Pero ahora me parece más cómodo, y hasta elegante, el bóxer. Sí, lo sé, no es una prenda tan fantástica para bailar sobre una tarima enloqueciendo mujeres, pero en la vida real, el bóxer es mejor.

Personalmente no los uso de media manga, son incómodos, uno se sienta y cuando el muslo se retrae, molestan. También se notan a veces con cierto tipo de telas. Prefiero el bóxer corto, ese que termina en el bajo paquete. He notado, modestia aparte, que se ve bien cuando uno se quita las ropas, quedando en medias, camiseta corta y uno de ellos, algo recogido por los costados; toda mujer mira en ese momento y se nota que también le agradan. Los de algodón son increíblemente buenos, suaves y funcionales. Tengo unos que me trajo una amiga de Colombia y parece que jamás van a acabarse, aunque son blancos, color poco práctico para el hombre. Ese color está bien para un modelito guapo que se quita las ropas para una película; en uno, después de todo un día en la calle, lo más probable es que se note cierta mancha al frente, amarillo pollito, y no precisamente de virilidad. Los colores grises, azules y negros son representativos, elegantes, y te cubren por si hay ese problemita. Y esto de mojar no tiene nada que ver con la edad. Ya lo dijo Stephen King en una de sus mejores novelas, cuando unos chicos meaban unos al lado de otros y cada uno se sacudía al terminar pero veían que se mojaban; fue cuando uno declamó: lo dijo Aristóteles, ya lo sabía Platón, el hombre cuando orina guarda las últimas gotas para el pantalón. En este caso sería para el calzoncillo.

¿Por qué hablo de ropa interior representativa y de agua y jabón? Fue algo que aprendí cuando comencé a trabajar como inspector sanitario en hospitales. En una de mis primeras observaciones de campo me tocó estar en el servicio de radiología del hospital Pérez de León, en Petare, la zona más Oeste de la Gran Caracas. Allí llegaban las emergencias, y eran como las ocho y media de la mañana cuando llegó un tipo cuarentón, barbudo, sucio de ropas, gordo, y cuando le quitaron los pantalones para practicarle una radiografía de abdomen y pelvis, llevaba uno de esos bikinis de licra, rojo para ñapa, roto por la liga de la cintura, metido casi todo entre las nalgas, enrollado en todo lo demás. Y olía a rayos. La médico de turno, una muchacha bonita (me parecía muy joven), dijo algo lapidario: son el colmo estos hombres que salen a la calle sin lavarse el culo y las bolas, y vistiendo esa mariquerías. Desde ese momento tomé por costumbre asearme muy bien y llevar ropa interior más o menos, que aunque fuera algo chica en esa época, fuera de buena calidad. No se puede ser miserable con uno mismo en ciertas cosas.

A mis amigos, los más jóvenes sí están ahí: jamás salgan de sus casas sin bañarse y lavarse muy bien bolas y culo, como decía esa doctora. Ese olor, sobretodo si se ha tenido actividad y huele a huevos podridos, no es nada grato, y lo peor es que parece percibirlo todo el mundo; y lo digo en serio, no es para enorgullecerse de eso. Hay que formarse esos hábitos. Bastante agua y jabón, y hasta talquito, y sobre todo eso, un bóxer que quede del carajo… Quien sabe, tal vez tengas que entrar en el baño unisex de una discoteca, un cine, un mercado o algo y una muchachota se quede mirándote. ¿Puedes imaginarte la escena, ella sonriendo y tú, por accidente, dejando caer medio pantalón ya todo alegre? Lástima que no sean tan populares estos sanitarios. Pero ¿te imaginas que realmente esa chica se te acerque, felina, sexy y te diga algo como: fo, pana, hueles a chivo muerto?

Créanme, muchas veces un olorcillo, o una ropa con pinta de desaseo o descuido, enfría el guarapo. Imagino que si se es muy joven y se tiene muchas testosteronas dando vueltas, eso no parará a nadie, pero siempre he creído que quien no se cuida de lavar ni su miembro, quién sabe que más es capaz de dejar de hacer, y eso siempre es un riesgo. Así que, aseo. Lo del talquito tiene sus otras ventajas, evita rozones, humedades incomodas entre el muslo y la cadera, y casi todos conserva cierto aroma; y como dije una vez, nunca se sabe cuando alguien del trabajo tiene que agacharse bajo tu escritorio a buscar algo que se le cayó, olfateando y diciendo algo como: vaya, qué bien huele. Eso siempre da pies a más: ¿quieres olerlo mejor? (sí la vida fuera así).

Busca, pregunta, tal vez encuentres el tipo de talco o crema que mejor te acomode y que termine agradándote. Igual que los bóxer. Hay variedad, cantidad y colores, así como modelos, algo habrá que te guste y que te sirva. Esos detalles que hablan de cuidado, de aseo, de… elegancia, siempre son bien captados, y apreciados… por otras personas, que es lo que buscamos al llegar a una tasca, una reunión de amigos, o tan sólo al ir caminando por una calle cuando dos miradas se cruzan, ¿o no?

Para finalizar, un cuento que me echaron una vez: estaban dos indigentes haciendo el amor con pasión, cuando la mujer le dice al hombre: mi amor, tienes ese pájaro como un palo de yuca. El hombre, todo pomposo, le pregunta: ¿por qué lo dices, por lo grueso y nervudo? Y ella replica: no, porque está todo lleno de tierra.

Julio César.

martes, 5 de mayo de 2009

SÍ ME ATREVIERA, CORAZÓN…

Un día tendré el valor…

Desperté sintiéndome desasosegado. Quise escuchar tu voz, oír tu risa. Deseaba verte, tenerte aquí, alargar mi mano y tocarte. Pero no estás. Nunca estás porque jamás me atreví a correr detrás de ti para retenerte. A solas con mi corazón comprendo este pesar: cuando te conocí comencé a vivir, a sentir y amar… pero no supe cómo decir: ven conmigo, juntos hoy y mañana. Y ahora, a solas en mi cama, mirando el techo, sintiendo el silencio, entiendo con rabia y amargura que mi existencia ha estado en suspenso. Durante casi veinte años he esperado; los años se me han ido aguardando a que continúe mi vida. También la tuya, por mí te has detenido esperando a que una vez te llame y simplemente diga: ven. ¿Por qué no me odias?, tu cariño sin egoísmos es otra espina en mi alma. ¿Dejaré alguna vez de sentir este pesar, este vacío, este dolor? Sé que podría, tan sólo debo reunir coraje y llamar…

Julio César.

NOTA: Es poco, lo lamento, pero no siento deseos de escribir. Ando tan deprimido que ni hacer esto, que me divierte, me distrae. También tengo un virus, uno de los malos. Me borró carpetas y carpetas de archivos. No gano una.

ISAÍAS RODRUÍGUEZ, CARA DE PAYASO…

Hay gente que es patética (aunque uno no quiera usar esa palabrita), y hay otros que llevan las cosas al extremo (uno gime: Dios mío, ¡no puede ser!). Uno de esos personajes es este señor, imagino que ya ex fiscal, Isaías Rodríguez. Intentando ser justos, o hasta decentes (se los juro, lo intenté), hay que concluir que hay personas que no tienen salvación. Van de torta en torta, y ya ni se quitan el traje fiestero con el que fueron al anterior. El Fiscal General de la República Bolivariana de Venezuela, Isaías Rodríguez (es decir, el fiscal de la república de quinta, ya estamos por detrás de Cuba y Zimbawe), es uno de esos especimenes muy… Dios, para hablar de él hay que inventar palabras, ninguna lo describe en nuestra lengua y yo no me sé la de los elfos, pero digamos que es: insólito. Para comenzar es un hombre que se autoproclama de la izquierda socialista (pobre socialistas, ya hasta pena dan). Es, por lo tanto, un sujeto que criticó toda la historia de los cuarenta años de la democracia representativa como un periodo cuando no se luchó contra la corrupción del poder, el clientelismo del Estado y las brutales desigualdades sociales. Claro, olvida convenientemente según su psicosis, que un Fiscal General de la República, Ramón Escobar Salom, solicitó y logró que se enjuiciara a Carlos Andrés Pérez por ladrón al embolsillarse 17 millones de dólares que intentó hacernos creer que fue para defender las democracias latinoamericanas (y el muy cínico esperaba que se lo creyéramos). Hugo Chávez, su entorno íntimo y su familia se patearon de lo lindo, en una sentada, dos mil millones de bolívares del FONDEN, sin que les temblara el pulso (no sé cuánto es en devaluados bolívares fuertes), pero ahí sí no había nada que investigar, ni siquiera una sospecha. Así lo dijo ese enemigo de la corrupción y del clientelismo, ese ‘justo hombre de la izquierda’.

Aunque hay que entenderlo, en una considerable medida, este hombre se desfasa mentalmente cuando matan al Fiscal Accidental Danilo Anderson, el gran gurú de la fiscalía, quien llevaba todos los casos políticos, desde el golpe del 11 de abril de 2002, con un ojo sobre la oposición, pero el otro montado en Lucas Rincón, general trisoleado que esa madrugada anunció que Chávez había renunciado al poder, así como el juicio contra el alcalde de Baruta, Enrique Capriles Radonsky. Según las malas lenguas de mujeres malévolas como la periodista Patricia Poleo, el fiscal Isaías Rodríguez solía encerrarse largas horas en su oficina con Anderson, para penetrar… en el pensamiento marxista (así lo dejó flotar esta fémina, se los aseguro). Él la acusó de difamadora (y de bruja, me imagino), pero en verdad, cuando a Danilo Anderson lo matan en aquel atentado, Isaías apareció llorando y desencajado en televisión, gimiendo que esa muerte si le había dolido en verdad, no como la de su mamá que le dolió menos (pobre señora). Bueno, bueno, tampoco fue así, estoy haciendo una interpretación libre, lo que dijo fue: “esta muerte me dolió más que la de mi madre”. Y desde ese momento, y como ya se la tenía jurada a Patricia Poleo, el fiscal encaminó una investigación judicial destinada a lograr que un grupo de venezolanos dignos se vieran involucrados en el asesinato del Fiscal Accidental. Una doble venganza, y hay quienes lo tienen por idota…

Policía o funcionario que dijera que las cosas no iban por ese lado, era separado de la investigación, suspendido y hasta pasado a tribunales para que respondiera por esto o aquello (nunca se había visto tanta democracia y legalidad; o como dicen Kirchner, Zapatero y Lula: así, así, así es que se gobierna), y todo culminó con una acusación formal contra Patricia Poleo, acuciosa e implacable periodista enemiga del régimen, como lo fue de los anteriores gobiernos, siempre crítica, ácida y dura; contra el abogado Salvador Romaní, hijo de un opositor a Fidel Castro de toda la vida, vinculado a un activo grupito de venezolanos que ayuda a escapar a médicos y entrenadores cubanos que vienen a las misiones; se acusó al general Jaime Escalante, chavista pero hombre decente, acantonado en el Occidente del país donde denuncia, y es enemigo jurado, los campamentos de la narcoguerrilla colombiana asentados en territorio nacional a quienes ahora no se podía tocar ni con un mal pensamiento, y denunciante del tráfico de drogas en el Oriente, de la gente del llamado Cartel del Sol; y finalmente, pero no menos importante o significativo, Nelson Mezerhanne, un accionista de GLOBOVISIÓN, con quien desearon dar un escarmiento a la planta televisiva.

Y por supuesto, como antes hizo Carlos Andrés Pérez, el fiscal pretendía que le creyéramos todo ese cuento mal elaborado. Recuerdo, con asombro, lo dicho por Isaías Rodríguez en esos días, que esos eran todos por el momento, pero que podía haber más involucrados y que todos serían montados en “el autobús de a justicia”, imagino que camino al salón de la justicia. Más tarde quiso involucrarse al cardenal Rosalio Castillo Lara, que en paz descanse, y a Oscar Pérez, líder del Grupo de la Resistencia, así como a militares retirados del Frente Militar Institucional. Siendo como somos, en seguida se dijo: coño, ¿y dónde conspiraba toda esa gente, en una sala de conciertos? Pero esa era la naturaleza de este sujeto, la de un hombre sin inteligencia o probidad, condenado a arrastrarse a pantanales indecibles para poder mantener un cargo público, un muy buen cargo, gana muy bien. O ganaba.

Pero Isaías Rodríguez no actuaba tan alocadamente como uno podría imaginarse hasta este momento: ¡tenía un testigo!, el testigo estrella, un hombre al que jamás se le careó con los involucrados o la prensa que no estuviera controlada por el Estado. Nadie que no fuera del Gobierno pudo hacerle una pregunta jamás. La única entrevista que dio fue con la gente de VENEZOLANA DE TELEVISIÓN, donde la todopoderosa fiscal Luisa Ortega, iba dictándole qué decir. Era terrible, ni siquiera intentaron que se aprendiera el guión, por eso les va como les va. Lamentablemente, para Isaías Rodríguez y Hugo Chávez, la prensa investigó y se supo que el carrizo era colombiano y que tenía un expediente criminal voluminoso levantado allá por… mitómano y estafador. Investigado nada más y nada menos que por mentiroso. Ay, Dios mío, ahora cabe preguntarse: ¿es justo que un régimen tan inescrupuloso pero con tantos recursos no pudiera encontrar a alguien mejor para echar el cuento? El caso fue que el sujeto, Giovanni Vásquez, dijo que él y esas cuatro personas estuvieron creo que en una selva de Nicaragua o Panamá, planeando esa muerte el día tal. Y el fiscal Isaías Rodríguez se lo creyó porque, confesado por él mismo a un periodista de VENEZOLANA DE TELEVISIÓN de apellido Villegas, había visto la sinceridad brillar en la mirada de Giovanni Vásquez cuando le contaba todo; argumentación que hizo revolver en su silla al entrevistador como si estuviera sentado, de pronto, sobre un hormiguero.

Que esas cuatro personas estuvieran en el país para la fecha en cuestión, según Inmigración y testigos oculares, o que sus pasaportes no registraran tal viaje, no lo disuadió. ¡Él tenía un testigo, caramba!, un hombre de mirada sincera y brillante, donde se adivinaba la tortura de un alma que confiesa cosas terribles (ah, no les he contado: el fiscal pretende ser poeta, creo que hasta libros ha escrito). No, este hombre magistralmente ofuscado (¡Danilo había muerto! Dios, ¡Danilo se había ido!) Salió con una nueva teoría, una que lo cubría, explicaba y unificaba todo (todavía no entiendo cómo no lo han llamado de la NASA para que teoricé sobre los campos unificados que tienen a los pobres físicos de cabeza). Todos los indiciados habían escapado por los caminos verdes, porque él sostiene que como nadie custodia las fronteras en este país de quinta (no te digo, atacaba a Chávez), todos salieron por donde entran los irregulares de las FARC; y remató diciendo que la gente que se vio por aquí, vistos por familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo eran… (ta ta ta tannn) ‘dobles’.

Si, si, sé que suena absurdo y da risa, yo mismo no puedo evitar sonreír aunque la cosa es realmente deprimente, alarmante y doloroso, recuerden que ese señor es el Fiscal General de la República, el que halla llegado ahí por ser sumiso a Chávez no le quita gravedad al asunto. Claro, ante la nueva teoría, todos esperábamos ver a los dobles identificados, desfilando esposados con las cabezas gachas, echando el cuento de cuándo descubrieron que se parecían tanto a fulanito o menganita. Pero por alguna extraña razón, nadie los buscó, ni la fiscalía ni la policía. Ni se dijo cómo hicieron los conjurados para verse fuera de Venezuela. Esos eran detalles nimios, sin importancia. Según Isaías Rodríguez, dicho por él, eran detallitos sin interés levantados como cortinas de humo por los medios de comunicación para salvarle el pellejo a los homicidas. ¡Él tenía un testigo presencial, carajo! Pero el golpe más devastador, uno que ni Kirchner, Zapatero, la Bachelet o Lula supieron como explicar o encubrir de aquel socio que tan generoso era, llegó cuando una reportera de GLOBOVISIÓN presentó una boleta de excarcelación donde constaba que Giovanni Vásquez estaba preso en Colombia el día en que aseguraba haberse reunido con los Cuatro Grandes, las mayores mentes criminales de nuestra era, en la selva. Y aquí, no queda más remedio, uno se lleva las manos a la cabeza y pela los ojos.

¿No es insólito? ¿Acaso creyeron que nadie investigaría, qué nadie se enteraría? ¿Qué les costaba elegir otro día, uno cualquiera, pero que el testigo estrella estuviera en libertad? ¿De dónde salió ese testigo? ¿Lo envióla CIA? ¿Bush? ¿El Diablo? A esta alturas pensaran que con eso terminaba el proceso contra esa gente, pues no; se inventaron una figura legal donde ni eran culpables ni eran inocentes, sí, es verdad, no hay pruebas, pero el proceso no se cierra y en cualquier momento, si aparece alguien más, así sea una imagen en una piedra, se les vuelve a encarcelar. Patricia poleo, quien en cuanto comenzó el zaperoco se fue al exilio, aún no puede regresar a Venezuela, porque no hay garantías de que no la encierren y que en una celda le hagan lo que los cubanos acostumbran a hacerle a sus víctimas en Cuba para destruirlas, esas cosas que gente como Sean Penn, el que fue marido de Madonna (su único logro real en la vida) nunca ve mientras se cree un chico terrible al hacerle la barba a Fidel o a Chávez.

Después de años de verlo desvariar y revolcarse públicamente en la inmundicia, la propia y la ajena, siempre con una sonrisita que daba escalofríos (algo realmente desagradable, créanme), Isaías Rodríguez deja el cargo, rogándole a Dios todos los días, desde ahora hasta su muerte, que el Gobierno nunca cambie y que Chávez pueda mandar hasta que se muera de viejo como Fidel así sea sosteniéndose sobre las armas y la represión, o sus crímenes, los que cometió, los que ayudó a encubrir desde la fiscalía, las persecuciones que personalmente desató contra gente decente que cometió el delito de alzar su voz de protesta ante tantos desmanes, lo alcanzarán. Como finalmente lo alcanzarán ya que es de todos sabidos, y consuelo da, que lo que en esta vida se hace, en esta vida se paga.

Ah, ya imagino al tragadólares (el avión a todo lujo donde el humilde Hugo Chávez sale a vivir la buena vida, a todo trapo, por esos mundos de Dios, alejándose de Caracas que está tan sucita y fea), escapando a toda prisa porLa Carlota, seguido de una multitud que grita y que, como los valientes bolivianos hace poco, llevan palos y piedras que le arrojan. Con lo intrépido que es el Presidente (oculto en el Museo Militar el 4 de febrero mientras otros echaban plomo parejo en su intentona de golpe, y bajo la sotana de los curas el 11 de abril, para que ‘no lo mataran esos muchachos’, como confesó al regresar al poder, pero que luego, convenientemente, olvidó mientras echaba el cuento una y otra vez), gritándole al piloto: más rápido, más rápido, métele chola. Y entre el avión y la multitud que grita, Isaías Rodríguez, corriendo torpemente, gordo y fofo por una vida de vicios y excesos, cargando con las pesadas maletas llenas de dólares, gritando que no lo dejen, que no lo dejen o lo joden, para luego, y cómo no, tropezar y caer, como Clim, aquel mapachito que corría tras el tren cuando se iba Candy Candy.

Ah, hay tanto que contar todavía del ex fiscal que creo que continuaré después…

Julio César.

MODAS QUE TODOS ADORAMOS

-Ay, este bicho si tiene tela. Me tapa toda. Debí comprarlo más pequeño.

Julio César.

miércoles, 29 de abril de 2009

THE JOKER, EL ÚNICO SEÑOR OSCURO

La verdad es que este artículo, publicado en la página ‘oficial’ del recordado Heath Ledger, me resultó contradictorio. Un grupo creciente de sus fans (de él y del villano antagonista del Hombre Murciélago) desean que el personaje del Guasón sea borrado para siempre de futuras cintas sobre el Encapotado. Y temo que no únicamente en las versiones de Christopher Nolan, sino de todas. Emociona, ¿verdad? Es el reconocimiento máximo, el culto más bien, al siniestro, demente, perverso y enfermo personaje creado por el australiano. Después de su Guasón, difícilmente puede crearse otro ser tan complejo y aterrador. No hay frase o maldad que el Guasón no dijera o cometiera.

Por una parte me agrada la idea, fue una magistral interpretación, nunca nadie lo había hecho de esa manera, y posiblemente nadie lo hará mejor que Heath Ledger (Ennis)… y sin embargo, la naturaleza misma de ese personaje estremecedor hace desear ver más. No lo sé, tal vez alguien de por sí algo tocado, como Johnny Deep, podría hacerlo. Repito, tal vez. Aunque no creo que ninguna realización alcance jamás a ese payaso demente, carismático y totalmente loco. En fin, esto fue lo publicado:

FANS DE HEATH LEDGER SOLICITAN QUE EL GUASÓN SE RETIRE DE FUTUROS FILMES
-¿Por qué tan serios?

La grandiosa actuación de Heath Ledger, y su trágica muerte, han inmortalizado su interpretación del rol del Guasón en la película de Chris Nolan, The Dark Knight. Pero, ¿debería el payaso asesino de Ledger ser el último Guasón de la gran pantalla?

Eso es lo que los fans creadores de un nuevo site llamado The Ultimate Joker tienen como argumento. Ellos han lanzado una petición a los estudios para que el personaje de buena forma no sea agregado nuevamente en alguna película de Batman en el futuro.

"De verdad creemos que la actuación de Ledger como el Guasón es lo mejor que un actor podría llegar a hacer", fue lo que la líder del equipo del site Fer Barbella dijo en wired.com en una entrevista por email.

"Cualquier otra actuación crearía de seguro expectativas, y nosotros queremos mantener para siempre el Guasón de Ledger como el único" - agregó Barbella, quien lanzó el site la semana pasada con su colega Nico Pimentel.

Desde Jack Nicholson y César Romero hasta Larry Storch, Mark Hamill y Kevin Michael Richardson, han sido los némesis de Batman y han dado vida al Guasón con un gran talento. Sacar al Guasón de la pantalla podría ser algo como irrazonable, pero el equipo de Ultimate Joker insiste en ello, y no duda de que es posible si Ledger recibe el Oscar póstumo este mes por su interpretación.

Hasta el momento juntaron más de 2.500 firmas. Además permiten que los usuarios puedan votar por cuál fue la mejor actuación de la historia del Joker: Mark Hammil, César Romero, Jack Nicholson o Heath Ledger. Sorpresivamente es Romero quien se lleva la mayoría de votos. Pero la causa es por Ledger, para que sea el último, el mejor.

Publicado por Dalia en 3:21 PM 1 comentarios
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Creo que por Heath Ledger, firmaría… pero también me gustaría ver a otro intentarlo, y que dijéramos, con un deje de gozo malsano, de alivio interior, recordando al querido vaquero solitario: “Estuvo bien, pero no le llega ni a las botas al australiano”. Dos cosas más, me gusta saber que la gente recuerda con cariño el Guasón de César Romero, era grato. Y ¿cuándo carajo Mark Hammil hizo del Guasón? ¿En cuál? Me gustaría verlo. También él era de mis actores favoritos, aunque la fuerza Jedi se lo haya tragado.

Julio César.

jueves, 23 de abril de 2009

SIEMPRE CON JAKE GYLLENHAAL

Por no decir una barbaridad.

Del blog ‘oficial’ sobre el apreciado caballerito, UN LAZO A JAKE GYLLENHAAL, (me gusta lo que escriben), encontré esto. Vamos a leerlo y después les cuento:
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Una sorpresa

La semana pasada fui a ver Confessions of a Shopholics y la sorpresa que me llevé!!!

En una escena donde va la protagonista en uno de esos tradicionales taxis amarillo neoyorquinos, de repente PUM!! Reflejado en la vidriera los suficientes segundos para que una mente interesada en el tema lo capte: el afiche de El Príncipe de Persia aparece reflejado en la ventanilla y se distingue a Jake convertido en el famoso príncipe...

Yo, por supuesto, fui la única en el cine que brinqué y casi grité: "el afiche del príncipe!!!!"... y claro, todos los que estaban cerca, incluida mi hermana y amigos, me miraron como a bicho raro pero no se molestaron ni en preguntar.

Fue una linda sorpresa y me encantó verlo, recordar a Jake y la noticia que había leído en algún lado de que aparecería por primera vez así: disimuladamente dentro de un filme.

Un aporte de Dalia ... 11:19 AM 1 lazos
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Comienzo diciendo que ¡vaya, qué enterada está! Eso de la promoción dentro de un film ni lo había escuchado. Por otro lado refleja algo que siempre he sostenido, las mujeres son mejores observando. Pueden captar cada imagen de la realidad, detallándola. Los hombres, o al menos hablo por mí, vemos el movimiento, las intensiones (si son agresivas o amorosas tanto mejor), y la acción (por decir violencia), sin fijarnos en rasgos.

Pero el punto que sostiene Dalia es valido. Andamos pendientes, todavía, de la vida de estos dos, aún cuando uno ya no esté. Hace poco en el trabajo, a la hora del café, entré a la salita de descanso y en el televisor transmitían por TNT, LA VIDA CONTINÚA, o esa era la traducción que hicieron del titulo de esa película donde Jake Gyllenhaal comparte roles estelares con Dustin Hoffman y Susan Sarandon; allí personifica a un muchacho algo extraño que va al garete después de haber perdido a su novia. Siendo sinceros, esa cinta no me gustó mucho, pero ahí estaba él y uno lo recuerda en sus otros roles. Además, estaba en la mejor escena de la película, cuando todo mal por la muerte de su ‘amiga’, lo confiesa al fin a alguien, que se siente responsable de su muerte. Es cuando la protagonista joven, Ellen Pompeo, le habla de su novio desaparecido en la guerra y de una herida en el labio y le pide a él que lo toque y note lo extraña que es. Fue una escena increíblemente hermosa (los dos tienen ojos y miradas bonitas) y... ¡cambiaron de canal!

Por un momento quise exigir que lo regresaran pero… no tenía derecho. La magia del vaquero enamorado, que se estrella una y otra vez cuando pide que cabalguen hacia otro destino; la del muchacho drogadicto y extraviado que busca a una chica que una vez lo creyó especial; el tierno personaje infantil e ingenuo atrapado en la burbuja de plástico; el soñador que enfrenta al peor enemigo, su propio padre, quien desea impedirle que vuele hasta las estrellas; y el irascible guerrero de un desierto donde la tierra llora lágrimas negras… es difícil dejarla pasar inadvertido.

Julio César.

DE MIEDOS Y FOBIAS

Hace algunos domingos desperté tarde después de una noche de juerga por una cena en casa de amigos que terminó en fiesta. Fui acompañado y con ella regresé al apartamento. Al día siguiente despertamos casi a las nueve, lo que se sintió bien; y después del café (sin hambre todavía), regresamos a la cama y vimos algo de televisión para apartar la flojera. Sintonizamos el canal AXN donde transmitían uno de sus buenos seriales. Un grupo del FBI perseguí a un demente que mataba a sus víctimas prácticamente de miedo. Utilizaba sus temores para torturarlos y luego asesinarlos. Era realmente cruel, sádico, pero lo más inquietante era que, pensándolo en frío, algo así podría ocurrir en la vida real. El caso fue que en dos de los asesinatos, mi ‘novia’, quien trabaja en salud, dijo que era absurdo, que nadie podía ser asesinado de esa manera. Estuve de acuerdo, pero más tarde pensé que en nuestro análisis no tomamos algo en cuenta: el verdadero rostro del miedo.

Todos hemos sentido temor más de una vez. Un carro que se nos viene encima, un humo saliendo de una habitación, alguien que nos sigue por una calleja larga y solitaria (pregúntenle a cualquier caraqueño). ¿Qué puede haber más aterrador que un teléfono sonando a las dos o tres de la madrugada? Siempre se piensa lo mismo: un muerto, alguien murió, alguien cercano; y en el corto tiempo que cubrimos la distancia hasta el teléfono, nos imaginamos todas las combinaciones posible y no sabemos cuál es peor. Pero tener algo de miedo no está mal. El miedo es una alarma del cuerpo que nos advierte que estamos frente a una situación potencialmente dañina tirando a catastrófica; tal vez es ese remanente del instinto, atrofiado en nuestro caso, que les avisa a los animales del peligro. ¿Un carro casi te arrolla porque cruzas la avenida hablando por teléfono o pensando en qué comerás?, fíjate mejor la próxima vez. Y es cierto, el recuerdo queda. La lección se aprende.

Pero ese es el miedo, una sensación desagradable donde se disparan todas las alarmas para que nos pongamos en guardia; las fobias son distintas, es el miedo a la enésima potencia, el temor patológico e irracional a situaciones o eventos que otros consideran pueden afrontar fácilmente, pero donde el fóbico siente que se ahoga y cae inerme. El temor visceral a los espacios encerrados, el miedo al agua, a las alturas, son temores conocidos. En buena medida todos las compartimos, pero podemos afrontarlo con racionalidad. Personalmente les tengo un asco incurable a las cucarachas (a las grandes, no la las chiripitas), ir por un pasillo y que alguna venga volando quién sabe de dónde y me corte el paso, me paraliza por segundos. Me parece que si me muevo o algo, el animalejo se me arroja. Y pensar que me pueda tocar es algo que no puedo ni imaginar. Pero al momento uno sabe que, o le da un zapatazo o sí se está cerca de la cocina se va por un aerosol, y terminamos con esa fuente de inquietudes. Los que padecen fobias no, no pueden razonar, cuantificar. Se entregan totalmente al pánico y ya no pueden ver nada más. Atacados de miedo una persona puede enloquecer temporalmente y correr hacia la fuente de peligro, o caer en estado casi catatónico, doblado sobre sí, deseando confundirse con la tierra o el medio ambiente, incapaz de controlarse.

En la serie en cuestión, el demente induce a un joven a entrar a un lago profundo para ayudarlo a vencer su miedo al agua, enfrentando el objeto del temor (morir ahogado), pero el sujeto, una vez sumergido el otro, le quita el apoyo que tiene. La víctima pataleó y gritó, entregándose al pánico (cómo suplicó ayuda a su verdugo). Claro que se ahogó, porque no pudo vencer el miedo paralizante que no lo dejó razonar. Todo el que ha estado en una piscina profunda, o un mar en calma, sabe que basta acostarse de espadas, estirando totalmente el cuerpo, intentando que cabeza, hombros y pies sobresalgan, y se tiene una buena oportunidad de flotar durante mucho tiempo. En casos de peligro, hasta que alguien llegue y ayude. La posición ofrece una amplia zona de resistencia a la superpie del agua, a menos que se lleve pesas o rocas o algo así en los bolsillos. El asesino, en la serie, no intentó hundirlo, simplemente se dedicó a verlo sufrir y morir.

El otro asesinato trataba sobre una joven que temía ser enterrada viva; aquí el falso médico la arrojó a un pozo y comenzó a lanzarle tierra (como parte del tratamiento de curación); pero el hombre pensaba asesinarla sepultándola. Ella gritaba y suplicaba, pero dejaba que pasara. Estaba allí, metida en un hueco, quieta, mientras él vaciaba bolsitas de tierra sobre ella. Una persona normal sabe que si te arrojan tierra o arena, a menos que sea muy fina, es posible dejar que se vaya asentando en el fondo, intentando mover los pies como escalando para formar escalones o apoyos naturales que ayuden a ganar altura mientras esta cae. Claro, si a uno le arrojan una palada mecánica de tierra no hay caso, quedas sepultado de inmediato; pero este arrojaba tierra con lentitud. Por eso a mi amiga no la convenció nada de eso, sin embargo…

Pensar en flotar sobre las aguas, o escalar y moverse para ‘subir’ sobre la tierra que cae, es un acto de pensamiento racional en medio del peligro que una persona con fobias no puede ejecutar. En sus cabezas todo es rojo, todo es peligro. Una persona así ya no es dueña de sus actos; y repito, o cae postrada ante aquello que puede destruirlo, o atacará de forma descontrolada, como la rata en la ratonera. Debe ser extraño tener tanto miedo, ¿verdad? Todo aquello que te haga perder tus capacidades mentales, de raciocinio, de ser humano, debe ser una tortura. En cuanto a la tortuosidad de la gente en tal situación de peligro, una vez hablando un grupo de nosotros sobre qué haríamos para salvarnos en un tercer piso si hay un incendio, un amigo dijo: yo dejo que llevados por el pánico muchos se arrojen por un balcón, y después trato de caer de nalgas sobre algunos para que amortigüen. Eso es pensamiento racional… de algún tipo.

Julio César.